martes, 6 de enero de 2015

Un héroe

Un buen día, paseando por la orilla de un río vi de pronto a un boy-scout que se estaba ahogando. Conozco el lugar, no es profundo, así que decidí salvarlo en cuanto se reuniera un poco más de público. Me senté en un banco a esperar. El boy-scout gritaba de lo lindo, por lo que al cabo de poco se congregó en la orilla un nutrido grupo de gente. Esperé un poco más para que el público estuviera al completo, entonces me levanté, me acerqué al agua y animado por los gritos de admiración me puse a quitarme lentamente el zapato izquierdo. El público me aplaudió. Estaba ya en calcetines cuando me di cuenta de que un sinvergüenza también se disponía a desnudarse. Me puse furioso.
–Yo estaba aquí primero –le dije.
Y él me contestó:
–¿Es tuyo el boy-scout o qué? –y se puso a quitarse el chaleco.
–¡Tiene razón! –se dejaron oír unas voces entre el público–. ¡El boy-scout es de todos!
–Deja esos pantalones –le dije–. Tú aún no estabas en este mundo cuando yo ya salvaba boy-scouts.
–Habrás salvado a tu abuela –me contestó en un tono insultante.
–Y tú a tu tía. Vete a hacer puñetas y deja en paz al boy-scout.
El público iba en aumento. Unos estaban de mi parte, otros decían que todo el mundo tiene derecho a salvar boy-scouts. Vi que las cosas se complicaban y que todo dependía de quién se desnudase primero. Aunque él había comenzado más tarde, como llevaba cremallera me alcanzó. Le gané sólo al llegar a los calzoncillos. Al ver que perdía su oportunidad quiso saltar al agua tal como estaba, en ropa interior. Se me encendió la sangre y le eché la zancadilla. ¡Por hacerse el héroe! No sé qué pasó con el boy-scout porque a nosotros nos llevaron a urgencias. Yo le disloqué un brazo y él me rompió unos dientes.
Salvar a los que se ahogan requiere valor y sacrificio.
                                                                                Slawomir Mrozek  (1930-2013)

domingo, 4 de enero de 2015

El arte de amar

Celestino amaba a Leticia, la que amaba locamente a Segismundo, el que amaba con entusiasmo y sin entusiasmo a Valeria, la que amaba con furia uterina a Luis Alberto, el que observaba las estrellas, solitario, y sólo amaba a Nora del Carmen, la que no amaba a nadie, casi loca en su amor platónico.
            Celestino se fue a la Unión Soviética en el otoño de 1960. Leticia tuvo una crisis religiosa y se enamoró de Maimónides, un poco antes de ingresar al convento de las Hijas del Buen Pastor. Segismundo se volvió loco sin saber por qué, luego de amar con entusiasmo y sin entusiasmo. Valeria descubrió el Arte de la Soledad en su casa llena de gatos equívocos, famélicos, esquivos, y junto a la sombra de Pericles, aquel loro inmortal que sólo hablaba en una lengua muerta: una especie de esperanto en resurrección casi permanente, aunque ustedes no lo crean.
            Luis Alberto se suicidó en una noche de verano, no muy lejos del cerro San Cristóbal, cerca del principio y del fin del mundo, en Santiago de Chile, con un calor insuperable, más bien olímpico, y Nora del Carmen se casó al fin con Hernán Rodrigo Lavín Cerdus, un loco que nada tenía que ver con la historia, pero lo sospechaba todo a través de la sutileza de su espíritu.
            Psicosomáticamente, Lavín Cerdus lo sospechaba todo.
                                                                         Hernán Lavín Cerda

Soneto

Soñé anoche que Filis, de regreso,
bella como lo fue en la luz del día,
quiso que yo gozase su fantasma,
nuevo Ixión abrazado a una nube.

Se deslizó en mi lecho murmurando,
ya desnuda su sombra: "Al fin he vuelto,
Damón, y más hermosa: el reino triste
Donde me guarda el hado, me embellece.

Vengo para gozarte, bello amante,
Vengo por remorir entre tus brazos".
Después, cuando mi llama se extinguía:

"Adiós —dijo—, regreso entre los muertos.
De joder con mi cuerpo te jactabas,
Jáctate hoy de haber jodido mi alma". 

       Théophile de Viau  (1590-1626)

domingo, 28 de diciembre de 2014

MICRORRELATOS


* Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho. A. Monterroso
* Verse y amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro. Poli Délano
* El único momento en que Sancho Panza no dudó de la cordura de don Quijote fue cuando lo nombraron gobernador de la ínsula Barataria. Marco Denevi
* Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían. Alejandro Jodorowki
* Soñabas con rosas envueltas en papel de seda para tus aniversarios de boda, pero él jamás te las dio. Ahora te las lleva todos los domingos al panteón. Alejandra Basualto
* Tras una discusión, coloqué a mi mujer sobre la mesa, la planché y me la vestí. No me sorprendió que resultara muy parecida a un hábito. Miguel Gómes
* Cuando F’ang, el conductor, se sentía fatigado tras una dura jornada de labor, descansaba tres años. Y con él todo el reino. Rodolfo Modern
* Los senos de aquella mujer, que sobrepasaban pródigamente a los de una Jane Mansfield, le hacían pensar en la pobreza de tener únicamente dos manos. Edmundo Valadés
*  Tan pronto el sacerdote concluyó la frase …y formaréis una sola carne, el novio, excitado, se lanzó a devorar a la novia. Armando José Sequera
* Era ciego y caminaba por la calle Florida con un bastón blanco, apoyado en el brazo de una robusta criada, pero no era Borges. David Lagmanovich
* La hermosa y sensual señora se acostaba con los jóvenes escritores nacionales para mejorar la calidad de la nueva literatura erótica mexicana. José de la Colina
* Es fácil juntar de nuevo a Los Beatles. Sólo se necesitan tres balazos. O.E. Van Bredan
* Le propuso matrimonio.  Ella no aceptó.  Y fueron muy felices. Anónimo

sábado, 27 de diciembre de 2014

Cuento de horror

La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses) resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:
-Thaddeus, voy a matarte.
-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.
¿Cuándo he bromeado yo?
-Nunca, es verdad.
-¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?
-¿Y cómo me matarás? -siguió riendo Thaddeus Smithson.
-Todavía no lo sé. Quizá poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.
El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.

                                                                               
                                                                                            Marco Denevi

jueves, 25 de diciembre de 2014

DISTANCIA

Distancia: a doscientos metros no podemos saber si una mujer es bella. A unos centímetros todas son iguales. La percepción de la belleza necesita cierto margen espacial, que varía no sólo de acuerdo al observador sino también de acuerdo al objeto observado. Entre nosotros decíamos de algunas mujeres, utilizando una expresión ya convenida, "tiene buen lejos", pues a cierta distancia parecía guapa, pero apenas se acercaba no lo era. Otras en cambio tienen "buen cerca", pero al alejarse notamos que son desproporcionadas o flacas o con las piernas torcidas. ¿Qué distancia debe servirnos de patrón para dar un veredicto estético sobre una persona? Un amigo a quien hice esta consulta me respondió: "La distancia de la conversación".
                     Julio Ramón Ribeyro

Tranvía

Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. "Amplia sonrisa, caderas anchas... una madre excelente para mis hijos", pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.
Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.
Dudó. Ella bajó.
Se sintió divorciado: "¿Y los niños, con quién van a quedarse?"
                             Andrea Bocconi

miércoles, 24 de diciembre de 2014

La uña

El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose por la juntura de la tapa y arrastrarse hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía, que ni ¡ay! dijo, para tirarse a la de Miguel, traspasándola.
Fue lo menos que pudo hacer el difunto: también es cuerno la uña.
                                                                                            Max Aub

lunes, 22 de diciembre de 2014

PETRUS BOREL (1809-1859). Champavert. Cuentos inmorales

   Joseph d´Hauterive, Petrus Borel como él quería que se le llamara nació en Lyon(Francia) en 1809. Se traslada joven a París donde sigue estudios de pintura y arquitectura, que pronto abandona para integrarse en los cenáculos literarios de Nerval y Gautier, convirtiéndose en uno de los más apasionados y prometedor autor de todo aquél grupo. Ya en 1931 publica un libro de poesía titulado "rhapsodies"y dos años más tarde publica la novela "madame Putiphar", ambas con escaso éxito y malas críticas.
Petrus Borel fue un auténtico dandy. Se referia a sí mismo como "el licántropo", con el que adquirió notoriedad y levantó sonoros escándalos en las primeras decadas del siglo XIX. Funda junto a Nerval y Gautier el "petit cénacle", que agrupó a escritores y artistas y desde el que se dirige la batalla del romanticísmo contra el clasicísmo. Pero su agresividad provocaba la ira de sus contemporáneos y la crítica se ensañó con él duramente, calificándole de truculento, decadente e inmaduro. Cercado por la miseria y desmoralizado por los ataques de que era objeto se expatrió en Argel, donde el hambre y el sol acabaron con su vida en 1859.
Su obra más notable y por la que es hoy reconocido la tituló "Champavert. Cuentos inmorales", libro sin par, mistificación lúgubre, burla de una terrible imaginación (Breton). Es una obra polémica, agresiva, con un estilo a veces poético y a veces panfletario y lúcido que, saltando siglo y medio, entronca con la literatura más actual.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Parábola


Un hombre se acerca a un palacio. La única entrada está guardada por unos fieros hunos que sólo dejan pasar a hombres llamados Julius. El hombre trata de sobornar a los guardias ofreciéndoles por un año las mejores partes del pollo. Ellos ni se burlan de su oferta ni la aceptan, sino que simplemente lo cogen por la nariz y se la tuercen hasta que parezca un tornillo. El hombre dice que tiene que entrar a la fuerza en el palacio porque le trae al emperador una muda de calzoncillos. Al ver que los guardias siguen negándose, el hombre empieza a bailar el Charleston. Ellos parecen divertirse con su baile, pero pronto se ponen tristes por el trato que el gobierno federal otorga a los Navajos. Sin aliento, el hombre se derrumba. Muere sin haber visto al emperador y dejando una deuda de sesenta dólares a los de la Steinway por un piano que les había alquilado en agosto.
                                                                              Woody Allen