viernes, 16 de octubre de 2015

Inferno

      En las altas horas de la noche, desperté de pronto a la orilla de un abismo anormal. Al borde de mi cama, una falla geológica cortada en piedra sombría se desplomó en semi-círculos, desdibujada por un tenue vapor nauseabundo y un revuelo de aves oscuras. 
De pie sobre su cornisa de escorias, casi suspendido en el vértigo, un personaje irrisorio y coronado de laurel me tendió la mano invitándome a bajar.
Yo rehusé amablemente, invadido por el terror nocturno, diciendo que todas las expediciones hombre adentro acababan siempre en superficial y vana palabrería.
Preferí encender la luz y me dejé caer otra vez en la profunda monotonía de los tercetos, allí donde una voz que habla y llora al mismo tiempo, me repite que no hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la miseria.
                                                                                         J. J. Arreola  (1962) 


ROCK

     
     
      El "rock" es la música de la juventud urbana de nuestro tiempo. Probablemente ningún hecho cultural de la postguerra ha tenido una difusión tan masiva a escala mundial. La edad ha sido el factor delimitador de toda la audiencia del rock, ya que éste ha sido creado, ante todo, por y para los jóvenes. En los países anglosajones el rock se ha convertido en algo mucho más complejo y más profundo que una pasajera moda musical. Para generaciones ha sido una experiencia común, una actitud frente al mundo convencional que les ha tocado vivir. Y tampoco hay que olvidar que el rock sigue siendo un gran negocio, una industria que mueve miles de millones.
Cuando Lennon declara que lo que más ha influido en su vida no han sido sus padres, el colegio o los discursos de los líderes políticos, sino una película de Elvis que vio en un cine de barrio de Liverpool y la influencia de ciertas películas que fueron una experiencia inolvidable para millones de jóvenes.
Que el rock es mucho más que un tipo de música lo vio muy claro el reverendo McPherson en 1956 cuando con verdadera visión profética advirtió: "si nuestros hijos siguen escuchando esa música sexual y salvaje de los negros acabarán por parecerse a ellos; la promiscuidad sexual y la pérdida de respeto a toda autoridad serán la consecuencia inmediata." Pero esa música sexual y salvaje no sólo se escuchaba, sino que también se bailaba y a partir del twist se dejó de bailar "agarrao" y el baile se convirtió en pura exhibición sensual.



domingo, 11 de octubre de 2015

Cancionero de amor y de risa

    Libro en el que se juntan las más alegres, libres y curiosas poesías eróticas del Parnaso español, muchas de ellas jamás impresas hasta ahora y las restantes publicadas en rarísimos libros. Recopilado y editado por Joaquín López Barbadillo en 1917, quien advierte de la dudosa atribución de algunas de las composiciones recogidas. Figuran en el índice: Alvarez de Villasandino, Góngora, Quevedo, Manuel de Pina, Samaniego, Iriarte, el Duque de Rivas. . . ., amén de varios poemas anónimos.

     

    La lavativa, Samaniego

En tanto que empujaba
el caldo con cuidado 
la sobrina gozosa respingaba
sobre el cañón de su galán armado,
y la vieja, notando el movimiento,
la dijo: ¿Ves como te dan contento
las lavativas, y que no te asustan?
¡Apuesto a que te gustan!
A lo cual la sobrina respondió: 
¡Hay!, por un lado sí, por otro no.

El caso del inocente niño asesino (André Gide)

   "Si usted escoge a un niño, de unos quince años, bien domesticado, bien nutrido y mejor recomendado, y se lo lleva a su casa, para que le sirva de criado, pueden ocurrirle varias cosas : que a la larga no le guste el criadito, al crecer, se case con una de sus preciosas hijas y se funda, así, una nueva rama de su ya bien cimentada y respetada familia, que dicho criado aumente el clan familiar sin las correspondientes legalizaciones previas. O que ese niño, ese tierno adolescente, un día, porque sí, asesine a toda la familia, entera, por competo, e incluso, ¡qué horror !, a la compañera criada. El resultado son siete personas muertas. Y un niño, dócil, calmo, reconocido como perfecto de cuerpo y de espíritu, llevado ante un tribunal que ha de juzgarle por unos crímenes que, indudablemente, ha cometido pero que no tienen ninguna justificación. Porque, como se dice, mató a su padre sin causa justificada, y esa falta de justificación es lo que a todo el mundo molesta más".
* André Gide, designado como jurado en un juicio por asesinato en 1912, se interesa por asistir a procesos célebres y tomar notas que posteriormente le impulsarán a escribir sus "Souvenirs de la Cour d´Assises", de las que forman parte sus dos obras más conocidas: "el caso del inocente niño asesino" y "la secuestrada de Poitiers".  

sábado, 3 de octubre de 2015

El equilibrio del mundo

   Del único hijo que estaba seguro era del pelirrojo. A los otros dos no los había visto en mi vida.
Tras mucho pensar, llegué a la conclusión de que al salir del hipermercado, con la confusión del gentío, me los habían cambiado. No me importó. Los cuidé durante tres años, confiando que otros harían lo mismo con los míos.
Hasta el día del parque de atracciones en que -con tanto crío- me cambiaron al pelirrojo y al mayor de los extraños por una niña y un mulato. A éstos los crié durante casi diez años pero un día, al volver de la universidad, me llegaron transformados; la chica por un joven que hablaba inglés y el que más tiempo había pasado conmigo por otro con gafas que parecía autista.
Aun así, y pensando que la vida era esto, consentí pagarles los estudios hasta el final.
El día que se casaba el inglés, los padrinos -que iban a ser sus pseudohermanos- fueron sustituidos por dos chicas gemelas. Nada feas, a decir verdad.
Ahora, ya en el lecho de muerte espero, cada vez que se abre la puerta de la habitación y entran tres jóvenes extraños, que son mis hijos, los de verdad, los primeros, para poder despedirme de ellos y de este mundo que ya no entiendo. 
                                                                                      Ginés Cutillas   (1973...)

Sobre la minifalda


  En un reportaje transmitido por Televisión Española pocos días después del Festival de Eurovisión celebrado en el Teatro Real, de Madrid, el presentador pedía a un grupo de curas que le dieran sus impresiones sobre el Festival. Uno de los temas que surgieron, creo que al enjuiciar la actuación de la cantante inglesa Lulú, fue el de la minifalda, dando lugar a que se manifestara el famoso contraste de pareceres. Un curita joven se declaró acérrimo partidario de la minifalda, con un entusiasmo no por encomiable menos pintoresco. Había a su lado un sacerdote ya entrado en años, varón grave y enjuto, quien, sin dar apenas tiempo a que el presentador le preguntara su opinión, dijo con cierta parsimonia, no exenta de socarronería, que él no era partidario de la minifalda. Luego se quedó pensativo un momento y añadió una frase lapidaria que creo resume muy bien la tradicional actitud española en esta materia y que debió de sonar muy convincente en muchos oídos. "Siempre me acuerdo -dijo el sacerdote- de lo que decían nuestros abuelos: Que lo que se arrastra, honra."
                                                           Luis Carandell,  Celtiberia Show    (1970)

viernes, 2 de octubre de 2015

¡Entre mí y mí, qué diferencia!


Hacia el año 400 el hijo de Mónica y obispo de Hipona, Aurelius Augustinus, conocido después por San Agustín, redactó sus Confesiones. No pudo disimular su asombro ante las deformaciones y excesos que asaltan en los sueños al varón que, durante la vigilia, se atiene a su concepción éticofilósofica y a la doctrina cristiana. "No por mí, sino en mí ha ocurrido", dice. "¡Entre mí y mí, qué diferencia!" Y el obispo da gracias a Dios por no ser responsable del contenido de sus sueños. La verdad, sólo un santo puede quedar tranquilo de saberse irresponsable.
                                                             Rodericus Bartius  (1964)

jueves, 1 de octubre de 2015

Los dos monjes y la hermosa muchacha

 
Dos monjes, Tanzán y Ekido, viajaban juntos por un camino embarrado. Llovía a cántaros y sin parar. Al llegar a un cruce se encontraron con una preciosa muchacha, vestida con un kimono y un ceñidor de seda, incapaz de vadear el camino.
-Vamos, muchacha -dijo Tanzán sin más. Y, levantándola en sus brazos sobre el barro, la pasó al otro lado.
Ekido no dijo ni una sola palabra, hasta que, ya de noche, llegaron al monasterio. Entonces no pudo resistir más.
-Los monjes como nosotros -le dijo a Tanzán- no deben acercarse a las mujeres, sobre todo si son bellas jovencitas. Es peligroso. ¿Por qué lo hiciste?
-Yo la dejé allí -contestó Tanzán-. ¿Es que tú todavía la llevas?
                                                                                                             Anónimo japonés

Febea

       Febea es la pantera de Nerón.
Suavemente doméstica, como un enorme gato real, se echa cerca del César neurótico, que le acaricia con su mano delicada y viciosa de andrógino corrompido.
Bosteza y muestra la flexible y húmeda lengua entre la doble fila de sus dientes finos y blancos. Come carne humana, y está acostumbrada a ver a cada instante, en la mansión del siniestro semidiós de la Roma decadente, tres cosas rojas: la sangre, la púrpura y las rosas. Un día, lleva a su presencia Nerón a Leticia, nívea y joven virgen de una familia cristiana. Leticia tenía el más lindo rostro de quince años, las más adorables manos rosadas y pequeñas; ojos de una divina mirada azul; el cuerpo de un efebo que estuviese para transformarse en mujer, digno de un triunfante coro de hexámetros, en una metamorfosis del poeta Ovidio.
Nerón tuvo un capricho por aquella mujer: deseó poseerla por medio de su arte, de su música y de su poesía. Muda, inconmovible, serena en su casta blancura, la doncella oyó el canto del formidable imperator que se acompañaba con la lira, y cuando él, el artista del trono, hubo concluido su canto erótico y bien rimado, según las reglas del maestro Séneca, advirtió que su cautiva, la virgen de su deseo caprichoso, permanecía muda y cándida como un lirio, como una púdica vestal de mármol.
Entonces el César, lleno de despecho, llamó a Febea y le señaló la víctima de su venganza. La fuerte y soberbia pantera llegó, desperezándose, mostrando las uñas brillantes y filosas, abriendo en un bostezo despacioso sus anchas fauces, moviendo de un lado a otro la cola sedosa y rápida.
Y sucedió que dijo la bestia:
- ¡Oh emperador admirable y potente! Tu voluntad es la de un inmortal; tu aspecto se asemeja al de Júpiter, tu frente está ceñida con el laurel glorioso; pero permite que hoy te haga saber dos cosas: que nunca mis zarpas se moverán contra una mujer que como ésta derrama resplandores como una estrella, y que tus versos, dáctilos y pirriquios, te han resultado detestables. 
                                                                                                      Rubén Darío
 




miércoles, 30 de septiembre de 2015

CEGUERA

    Es que vivir se parece mucho a la ceguera y a la vejez. En todo caso, no es patético, es algo bueno, las cosas se alejan, se esfuman, se desdibujan y uno puede imaginarlas mejor o recordarlas.
Es como la ausencia, que es una forma de presencia, o la nostalgia, por ejemplo. La ceguera se parece a todas esas cosas que son ciertamente preciosas, a la nostalgia, a la vejez, que es hermosa también. Es aceptar tus límites, darse cuenta de quién es uno, de lo que puede ser, o mejor, de lo que no puede ser, sobre todo. Y eso es grato, sí. Ya durante toda la vida uno está buscándose y luego, en la vejez, uno se encuentra y se encuentra en sus límites sobre todo. La ceguera es ciertamente un límite, es una especie de cárcel, pero no penosa. La gente es muy buena con los ciegos; con los sordos no, con los sordos es irritable, pero con los ciegos es generosa..... 
                                                                                                        J.L. Borges