* Una actriz, amante casual de Napoleón Bonaparte, vio en la habitación de éste un retrato suyo en un marco de diamantes. Codiciosa le dijo:
-Me gustaría tener un retrato de mi Emperador.
-Pues es fácil, respondió Napoleón sacando del bolsillo de su casaca una moneda de cinco francos, toma éste que es el que más se me parece.
* Había en París, en una de las principales tiendas de ultramarinos, un queso muy bien presentado debajo de una campana de cristal. El tendero había colocado un cartel muy grande que decía: "El rey de los quesos".
Pasó un sujeto, compró el queso..... y al día siguiente entró en la tienda echando chispas.....
-Pero hombre, ¿qué queso me ha dado usted? Está completamente podrido. No engañe usted así a la gente.
-Yo no engaño a nadie, replicó el tendero. Fíjese que no dice que es el mejor de los quesos, sino el rey de los quesos, es decir, lo más detestable, lo peor de los quesos.
¡O somos o no somos republicanos!
* En lo más recio de una batalla que se daba en Holanda, el general Von Grotten pidió un polvo de rapé a uno de sus ayudantes.
Le alargaba éste la caja de tabaco cuando una bala, dándole en el pecho, le mató.
El general, sin inmutarse, se volvió a otro ayudante diciéndole:
-No ha podido ser. ¡A ver si con usted tengo más suerte!
Carlos Fisas (Historias de la Historia)
Carezca yo de ti
y al infortunio suceda la desgracia
y a la desgracia el cataclismo
y a todo ello asistiría
con el desinterés de un muerto.
Estés conmigo tú
y por cada brizna de dicha
que pretendan arrebatarnos
avanzarían desde mi corazón
espléndidos ejércitos de odio.
Tú puedes ser la espalda atroz de mi destino
o mi patria de carne.
Félix Grande (1937-2014)
Desde bien crío, Maximus solo tenía una pasión, el Circo; y un sueño,
morir en la arena. Su padre le fabricó una espada con madera de olivo
que era una réplica exacta a las que utilizaban los gladiadores
profesionales para sus entrenamientos cuerpo a cuerpo.
Llegado el gran día tras haber alcanzado la edad y grado
reglamentario, fue convocado a batirse en el Coliseo en presencia del
César y del pueblo romano.
Nada más pisar la arena sintió que toda su vida había sido una
preparación para ese momento tan crucial. Allí, de pie sobre la arena
ardiente bajo un cielo azulísimo, sujetó con firmeza la empuñadura de su
espada y se bajó la visera del casco. Tenía prisa por abatir a su
oponente y fue el primero en asestar una mortal estocada. Su
contrincante, que encajó el golpe y fue algo más lento en responder, vio
caer de rodillas a Maximus con el pecho partido y sosteniendo aún,
incrédulo, una espada de madera.
José Luis Vicent
Entre los inuît o esquimales del estrecho de Bering, los cadáveres de los diversos animales deben ser cuidadosamente tratados por el cazador para que sus ´sombras` no se ofendan y traigan desventuras y aun la muerte sobre él y su gente. Por esto al cazador que ha tomado parte en la matanza de una ballena blanca o siquiera ha ayudado a capturarla, no se le permite hacer ningún trabajo en los cuatro días siguientes, por suponerse que ése es el tempo durante el cual la ´sombra` o espíritu de la ballena permanece en su cuerpo. Al mismo tiempo, nadie del poblado usará instrumentos punzantes por miedo a herir a la ´sombra`de la ballena, que se cree que está revoloteando invisible por las vecindades, como tampoco se permite hacer ruidos fuertes por aprensión de asustar u ofender ese espíritu. Cualquiera que corte el cadáver de la ballena con hacha de hierro, morirá. Está prohibido el uso de cualquier instrumento de hierro en el poblado durante esos cuatro días.
Sir James George Frazer (1854-1941)
Los vascos de Bayona y de San Juan de Luz, hombres atrevidos, excéntricos y fabulosamente audaces, que iban en barcas a los mares más procelosos a arponear la ballena, hacían muchas viudas. Lanzáronse en masa a las colonias, dejando a sus mujeres a Dios o al Diablo. En cuanto a los hijos, aquellos marinos, honrados y probos, hubieran pensado más en ellos si no hubieran tenidos sus dudas. Pero a la vuelta de sus viajes calculaban, contaban los meses y no les salía nunca bien la cuenta.
Las mujeres, tan lindas como audaces y soñadoras, pasaban el día sentadas en los cementerios charlando del aquelarre, aguardando la hora de ir. Era su más rabioso deseo.
La naturaleza las hace hechiceras: son las hijas del mar y de la ilusión. Nadan como peces, juegan en las olas. Su señor natural es el Príncipe del aire, rey de los vientos y de los sueños, el que henchía a la sibila y le inspiraba el porvenir.
El juez que las quema, se encanta, sin embargo, viéndolas. "Cuando se las ve -dice- pasar con los cabellos al aire y sobre los hombros van, de esta suerte, tan bien adornadas y armadas que, al pasar el sol a través de ellas como a través de una nube, da resplandores como de relámpagos. De aquí la fascinación de sus ojos, peligrosos tanto en amor como en sortilegios".
Jules Michelet (1798-1874)
Había en Nuremberg un famoso autómata llamado "la Virgen de hierro".
La condesa Báthory adquirió una replica para la sala de torturas de su
castillo de Csejthe. Esta dama metálica era del tamaño y del color de la
criatura humana. Desnuda, maquillada, enjoyada, con rubios cabellos que
llegaban al suelo, un mecanismo permitía que sus labios se abrieran en
una sonrisa, que los ojos se movieran.
Para que la "Virgen" entre en acción es preciso tocar algunas piedras
preciosas de su collar. Responde inmediatamente con horribles sonidos
mecánicos y muy lentamente alza los blancos brazos para que se cierren
en un perfecto abrazo sobre lo que está cerca de ella -en este caso una
muchacha-. La autómata la abraza y ya nadie podrá desanudar el cuerpo
vivo del cuerpo de hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los
senos maquillados de la dama de hierro se abren y aparecen cinco puñales
que atraviesan a su viviente compañera de largos cabellos sueltos como
los suyos.
Ya consumado el sacrificio, se toca otra piedra del collar; los
brazos caen, la sonrisa se cierra así como los ojos, y la asesina vuelve
a ser la "Virgen" inmóvil en su féretro.
Alejandra Pizarnik (1936-1972)
Novela publicada en 1954 por Pauline Rèage, seudónimo que se supone encubre a un escritor de renombre.
El libro, que circuló clandestinamente durante años, tuvo gran difusión, haciéndose una versión cinematográfica en 1975 de enorme repercusión.
Historia de O no es una novela erótica o pornográfica vulgar, sino una obra literaria excelente, con un estilo y un tono general de una sugerente elegancia, escrita con maestría y con cierta honestidad, al margen de su temática y su desarrollo.
"La joven O es llevada por su amante, René, al castillo de Roissy, donde se le somete a la disciplina de una orden religioso-sexual en la que las mujeres son esclavas a las que se priva hasta de la palabra y a las que se somete a toda clase de humillaciones secretas oficiadas ritualmente por hombres enmascarados".
La historia explica que un grupo de ranas caminaban por el bosque
cuando dos ranas cayeron en un pozo muy profundo. Inmediatamente todas
las demás ranas pensaron que no podrían salir de allí y no paraban de
gritar
- ¡No podéis salir! ¡No saltéis! Vais a morir...
Las
dos ranitas atrapadas no hicieron caso de sus palabras y saltaron con
todas sus fuerzas. Sin embargo, una de ellas pronto se desanimó por los
gritos de sus compañeras. Dejó de saltar y murió. La otra rana continuó
saltando sin parar, a pesar de los gritos de las otras ranas:
- ¡No podéis salir! ¡No saltéis! Vais a morir...
Gracias
a que continuó saltando consiguió salir de ese pozo tan hondo y se
salvó. Cuando salió del pozo, las otras ranas no se lo podían creer:
-¡Te has salvado! ¡Es un milagro! ¿Pero no oías nuestros gritos de desánimo?
La
ranita se consiguió salvar porque era sorda, y se pensaba que los
gritos eran de ánimos. La otra ranita, en cambio, oía los gritos y se
desanimó tan rápido que murió.
Cuento popular de la India
Fiera que frecuenta los desiertos de la India.
Es totalmente negra y una de las bestias más crueles que existen. Tiene dos cuernos en la cabeza, rectos como varas y más afilados en su extremo que ninguna lanza. Cuando combate contra otro animal, coloca uno de sus cuernos a lo largo de la espalda y se defiende con el otro cuerno, de forma que parece que se encuentre en medio de la frente cuando lucha. Y cada cuerno mide más de cuatro codos y derriba y mata con ellos a todo el que hiere de un golpe. La cabeza de esta fiera es muy extraña, tiene el hocico redondo como el fondo de un barril, muslos y pecho de león, patas y cuerpo como de caballo y cola de elefante. Y su voz recuerda mucho la voz humana. Y el basilisco la odia más que a cualquier otra bestia. Cuando puede hallarla dormida, la pica entre ambos ojos y cuando la ha picado, se marcha. Entonces se hincha el centicora de tal forma que los ojos le salen de la cabeza y muere debido al veneno del basilisco.
Latini Brunetto (Historias prodigiosas)
Hace mucho, mucho tiempo, había un búho que trabajaba de tintorero.
Todos los pájaros acudían a él para que tiñera sus plumas de los
colores más inverosímiles. El búho era tan bueno en su trabajo, que
todos los pájaros estaban encantados con él. Todos excepto el cuervo,
que estaba tan orgulloso de su plumaje blanco inmaculado que despreciaba
su trabajo.
Pero un día, cansado de tanto blancor, el cuervo
se acercó al búho y le dijo:- Tiñe también mis plumas, pero de un color
único, nunca visto en un ave.
El búho pensó mucho antes de decidir qué color usar y, finalmente, se decidió por el negro.
- Ahora tus plumas son de un color como no se ha visto antes en el cielo - dijo el búho después de haber terminado su trabajo.
Cuando
el cuervo se dio cuenta de que sus plumas eran totalmente negras, como
si estuviera cubierto de hollín de la cabeza a los pies, se enfadó
muchísimo. Pero ya no podía hacer nada, así que se tuvo que resignar. Y a
partir de entonces todos los cuervos son negros.
Pero aunque
se resignaron, nunca perdonaron al búho. Cada vez que le ven, se le
echan encima y, si pudieran, acabarían con él. Es por eso que los búhos
decidieron dormir de día y salir a cazar de noche, cuando los cuervos
están durmiendo y no corren peligro de ser atacados.
Cuento popular japonés