La derecha mezquina y la izquierda puritana han dedicado buena parte de sus fervores a discutir si Salvador Allende se suicidó o no se suicidó.
Allende había anunciado que no saldría vivo del palacio presidencial. En América Latina, es tradición: Todos lo dicen. Después, cuando ocurre el golpe de Estado, se toman el primer avión.
Habían pasado muchas horas de bombas y fuego y Allende seguía combatiendo entre los escombros. Entonces llamó a sus colaboradores más íntimos, que resistían con él, y les dijo:
-Bajen ustedes, que yo ya voy.
Ellos le creyeron y se fueron, y Allende quedó solo en el palacio en llamas.
¿Qué importa de quién fue el dedo que disparó la bala final?
Eduardo Galeano
miércoles, 10 de diciembre de 2014
El Viaje
Se narran los hechos de lo viajado, solo existe la travesía interior, el vértigo, nuestra propia identidad.
El viaje es la fascinación ante nosotros mismos, los viajeros son una falacia, no hay ni hubo tales. El texto es el único viajero.
Vizconde de Chateaubriand
sábado, 6 de diciembre de 2014
Lord Dunsany (1878-1957)
Edward John Moreton Drax Plunkett (Lord Dunsany) nació en 1878, no lejos de Dublin y murió, como todo irlandés que se precie, en Inglaterra en 1957.
A los doce años hereda el título de barón. Fue soldado, cazador de leones, consumado jugador de ajedrez, diestro jugador de cricket, aristócrata afortunado y frívolo personaje.
Poeta, dramaturgo y cuentista, toda su obra se tiñe de un sentimiento mágico por la naturaleza, que nunca escribió sobre las cosas que veía sino sobre las cosas que soñaba.
Dunsany pensaba que la vida es fundamentalmente onírica (emparentada con la mitología celta y la novela gótica). Todos sus cuentos son los de un soñador, del sueño como pesadilla.
Los héroes, las leyendas, las hadas, la espada, la magia o el talismán, el horror, lo fantástico....vertebran un arrebatado universo, un reino personal que fue, para él, la sustancia íntima de su vida.
A los doce años hereda el título de barón. Fue soldado, cazador de leones, consumado jugador de ajedrez, diestro jugador de cricket, aristócrata afortunado y frívolo personaje.
Poeta, dramaturgo y cuentista, toda su obra se tiñe de un sentimiento mágico por la naturaleza, que nunca escribió sobre las cosas que veía sino sobre las cosas que soñaba.
Dunsany pensaba que la vida es fundamentalmente onírica (emparentada con la mitología celta y la novela gótica). Todos sus cuentos son los de un soñador, del sueño como pesadilla.
Los héroes, las leyendas, las hadas, la espada, la magia o el talismán, el horror, lo fantástico....vertebran un arrebatado universo, un reino personal que fue, para él, la sustancia íntima de su vida.
viernes, 5 de diciembre de 2014
La isla de las flores
Cortometraje de 1989 realizado por Jorge Furtado. Está considerado como uno de los mejores cortos de todos los tiempos, siendo premiado con el Oso de Plata del Festival de Berlín.
La Isla de las Flores es una acerada crítica cargada de ironía, sarcasmo y cierto toque de humor negro sobre nuestra ¿civilización?
jueves, 4 de diciembre de 2014
La muerte de un presidente
Hace unos diez días me acosté muy tarde. Había estado aguardando despachos muy importantes... Muy pronto comencé a soñar. Parecía envolverme la rigidez de la muerte. Escuché sollozos sofocados, como si varias personas estuviesen llorando. En sueños abandoné el lecho y fui escaleras abajo.
El silencio era quebrado allí por idéntico sollozar, pero los dolientes eran invisibles. Caminé de habitación en habitación. Nadie había a la vista y los lamentos me salían al paso mientras caminaba. Las salas estaban iluminadas, los objetos me eran familiares, pero ¿dónde estaba esa gente cuyos corazones parecían a punto de quebrarse por la aflicción? Me invadieron la confusión y la alarma. ¿Qué significaba todo eso? Decidido a encontrar la causa de un estado de cosas tan chocante y misterioso, seguí hasta la Sala Oriental. Me encontré con una sorpresa perturbadora. En un catafalco se hallaba un cadáver ataviado con vestiduras funerarias. A su alrededor, soldados de guardia, y un gentío que miraba con tristeza el cuerpo yacente, cuyo rostro estaba oculto por un lienzo.
-¿Quién ha muerto en la Casa Blanca?
-pregunté a uno de los soldados.
-El presidente -me contestó-. Fue muerto por un asesino.
(Anotado por Ward Hill Lamon, jefe de policía del distrito de Columbia, quien se hallaba presente cuando Abraham Lincoln narró a un grupo de amigos el sueño que había tenido unos días atrás, y unos días antes de ser tiroteado de muerte, en el teatro Ford de Washington, el 14 de abril de 1865, por John Wilkes Booth.)
El silencio era quebrado allí por idéntico sollozar, pero los dolientes eran invisibles. Caminé de habitación en habitación. Nadie había a la vista y los lamentos me salían al paso mientras caminaba. Las salas estaban iluminadas, los objetos me eran familiares, pero ¿dónde estaba esa gente cuyos corazones parecían a punto de quebrarse por la aflicción? Me invadieron la confusión y la alarma. ¿Qué significaba todo eso? Decidido a encontrar la causa de un estado de cosas tan chocante y misterioso, seguí hasta la Sala Oriental. Me encontré con una sorpresa perturbadora. En un catafalco se hallaba un cadáver ataviado con vestiduras funerarias. A su alrededor, soldados de guardia, y un gentío que miraba con tristeza el cuerpo yacente, cuyo rostro estaba oculto por un lienzo.
-¿Quién ha muerto en la Casa Blanca?
-pregunté a uno de los soldados.
-El presidente -me contestó-. Fue muerto por un asesino.
(Anotado por Ward Hill Lamon, jefe de policía del distrito de Columbia, quien se hallaba presente cuando Abraham Lincoln narró a un grupo de amigos el sueño que había tenido unos días atrás, y unos días antes de ser tiroteado de muerte, en el teatro Ford de Washington, el 14 de abril de 1865, por John Wilkes Booth.)
miércoles, 3 de diciembre de 2014
El pan disputado
Un musulmán, un cristiano y un judío van de viaje; agotaron sus provisiones y aún les quedan dos días de camino por el desierto.
Esa noche encuentran un pan. ¿Qué hacer? Bastaría para uno, pero es poco para tres. Deciden que lo coma el que tenga el sueño más hermoso. A la mañana dijo el cristiano: Soñé que un demonio me llevaba al infierno, al que pude apreciar en todo su horror. Dijo el musulmán: Soñé que el ángel Gabriel me llevaba al paraíso, al que pude apreciar en todo su esplendor. Dijo el judío: Soñé que un demonio llevaba al cristiano al infierno y que el ángel Gabriel llevaba al musulmán al paraíso, y me comí el pan.
Nuzhetol Udeba
Los tiempos muertos
Cortometraje realizado por René Laloux y Roland Topor en 1964.
René Laloux, director de los denominados malditos y apenas conocido a pesar de haber ganado un premio en el Festival de Cannes en 1973. Maestro de las técnicas de animación y creador de ambientes oníricos, terror surrealista y ciencia-ficción.
martes, 2 de diciembre de 2014
Esbozos de vértigo
Espectáculo de felicidad indecible y provocadora del que uno no consigue hartarse.
* Un viejo amigo vagabundo o, si se prefiere, músico ambulante, fue a pasar una temporada a casa de sus padres, en las Ardenas. Un domingo por la mañana, discutió por una tontería con su madre, maestra jubilada, cuando ésta se disponía a ir a misa. Fuera de sí, súbitamente pálida y muda, arrojó al suelo sombrero, abrigo, blusa, falda, bragas, medias y, completamente desnuda, ejecutó una danza lasciva ante su marido y su hijo, quienes, pegados a la pared, aterrados y paralizados, fueron incapaces de detenerla con un gesto o una palabra. Acabada la demostración, se desplomó en un sillón y comenzó a sollozar.
* Varios centenares de turistas, escandinavos en su mayoría, esperan en la frontera española delante de la aduana. A una mujer corpulenta, visiblemente ibérica, le entregan un telegrama; por él se entera de la muerte de su madre y comienza a chillar.
Qué suerte poder descargarse con tanta rapidez de una pena, en lugar de disimularla y almacenarla como hubiera hecho cualquiera de aquellos nórdicos descoloridos que miraban aturdidos y que, víctimas de su discreción y de su compostura, se derrumbarán un día en el diván del psicoanalista.
E.M. Cioran (o la humillación de ser tan sólo un hombre)
domingo, 30 de noviembre de 2014
No hay oficio despreciable
Un santo varón pidió a Dios que le revelara quién iba a ser su compañero en el Paraíso. La respuesta vino en sueños: "El carnicero de tu barrio." El hombre se afligió sobremanera por tan vulgar e indocto personaje. Hizo ayuno y tornó a pedir, en oración. El sueño se reiteró: "El carnicero de tu barrio." Lloró el piadoso, oró y rogó. Nuevamente lo visitó el sueño: En verdad que si no fueras tan piadoso, serías castigado. ¿Qué hallas de despreciable en un hombre cuya conducta desconoces? Fue a ver al carnicero y le preguntó por su vida. El otro le dijo que repartía sus ganancias entre los pobres y las necesidades de su casa y convino en que esto muchos lo hacían; recordó entonces que una vez redimió a una cautiva de la soldadesca a cambio de un gran esfuerzo de dinero. La educó y la halló apropiada para darla en matrimonio a su único hijo, cuando llegó un joven forastero que se veía angustiado y que manifestó que había soñado que allí se hallaba su prometida desde niña, la que había sido secuestrada por unos soldados. Sin vacilar, el carnicero le entregó a la joven. ¡Verdaderamente eres un hombre de Dios!, dijo el santo curioso y soñador. En las entretelas de su alma, deseó verse una vez más con Dios, para agradecerle en sueños el buen compañero que le había sido destinado para la eternidad. Dios fue parco: "No hay oficio despreciable, amigo mío."
Rabí Nisim
Rabí Nisim
Ollie Mcgee
¿Habéis observado dar vueltas por el pueblo
a un hombre de ojos abatidos y rostro macilento?
Es mi marido que, por secreta crueldad
inconfesable, me despojó de juventud y belleza;
hasta que al fin, arrugada y con los dientes amarillos,
y todo el orgullo, y en vergonzosa humildad,
me hundí en la tumba.
¿Pero qué creéis que roe el corazón de mi marido?
¡La vista de lo que fui, la vista de lo que hizo de mí!
Eso lo va conduciendo al lugar donde ahora yazgo.
En la muerte, por lo tanto, estoy vengada.
Edgar Lee Masters
a un hombre de ojos abatidos y rostro macilento?
Es mi marido que, por secreta crueldad
inconfesable, me despojó de juventud y belleza;
hasta que al fin, arrugada y con los dientes amarillos,
y todo el orgullo, y en vergonzosa humildad,
me hundí en la tumba.
¿Pero qué creéis que roe el corazón de mi marido?
¡La vista de lo que fui, la vista de lo que hizo de mí!
Eso lo va conduciendo al lugar donde ahora yazgo.
En la muerte, por lo tanto, estoy vengada.
Edgar Lee Masters
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