sábado, 20 de diciembre de 2014

Johnny Bird, el tejedor que no quiso las alas

Johnny Bird se sentó en todo lo que había sido y empezó a sacárselo junto al río.
Estaba todo lleno Johnny Bird tenía tanto que no podía moverse y Johnny Bird tenía tanto que no podía moverse y Johnny Bird quería volar.
Algunos días antes había tejido en sus noches unas grandes alas de hilos de colores que no podía usar por tanto que tenía.
¡Cuántas cosas se hacía salir o se sacaba Johnny Bird tejedor por eso de las alas!
Le salían sueños grandes como campos a Johnny Bird caminos enteros que se le habían metido quién sabe cuándo  o cómo además de enormes tiras de odios amarillos que se iban por el río y hasta le salió Johnny Bird niño que salió corrriendo en seguida quién sabe para dónde.
Johnny Bird no dejó de salirse varios días junto a esas grandes alas que esperaba ponerse mientras iba oliendo poco a poco a viento o hasta a pájaro.
Johnny Bird se miraba sacarse como un manantial.
No le quedó nada al tejedor una tarde Johnny Bird se había salido todo por el río pero lo que era o había sido Johnny Bird ya no quería sus grandes alas de hilos de colores ya estaba lejos o arriba Johnny Bird volador.
Todo se lo había sacado Johnny Bird bajo ese sol bueno todo se iba por el río menos el tejedor.
                                                                                         Raúl Núñez

viernes, 19 de diciembre de 2014

Relato popular de Bretaña

Los campesinos bretones se imaginan que el alma sube al cielo en forma de pájaro. Cuando, un día, yo seguía con la mirada una alondra que se elevaba cantando en los aires, un viejo labrador de Tréguier que araba a pocos pasos de mí, se detuvo y, apoyándose en la horquilla de su apero de labranza, me miró en silencio.
 -Ella canta muy alegre ¿no?, me dijo al fin; apuesto a que no comprendéis su canción- Yo lo admití.
 -Pues bien, continuó, esto es lo que canta:
             "¡San Pedro, ábreme la puerta;
              no pecaré nunca más,
              nunca más, nunca más!"
 -Vamos a ver si le abren- continuó el campesino.
Al cabo de unos minutos, como descendiera el pájaro, él exclamó:
 -¡No!, ella pecó demasiado. ¡Ved de que mal humor está! ¿La oís, a la mala, a la pecadora?
                                                                     "¡Pecaré! ¡Pecaré! ¡Pecaré!"
                                                                                                        Anónimo

jueves, 18 de diciembre de 2014

El enano



Mi estatura es de sesenta y cinco centímetros. Estoy bien conformado, con las proporciones correspondientes, aunque tengo la cabeza un poco grande. El pelo no es negro, como el de los demás, sino colorado y echado hacia atrás de las sienes y de una frente que más impresiona por lo ancha que por lo alta. Soy lampiño, pero, fuera de eso, mi rostro es como el de cualquiera. Las cejas son espesas.
Mi fuerza física es considerable, especialmente si me enfurezco.
Cuando se dispuso la lucha entre Josafat y yo, a los veinte minutos lo puse con la espalda contra el suelo y lo estrangulé. Desde entonces, aquí no hay más enano que yo.
                                                Pär Lagerkvist

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Historia del joven celoso

Había una vez un joven que estaba muy celoso de una muchacha bastante voluble. Un día le dijo:
-Tus ojos miran a todo el mundo.
Entonces, le arrancó los ojos.
Después le dijo:
-Con tus manos puedes hacer gestos de invitación.
Y le cortó las manos.
"Todavía puede hablar con otros", pensó. Y le extirpó la lengua.
Luego, para impedirle sonreír a los eventuales admiradores, le arrancó todos los dientes.
Por último, le cortó las piernas. "De este modo -se dijo- estaré más tranquilo".
Solamente entonces pudo dejar sin vigilancia a la joven muchacha que amaba. "Ella es fea -pensaba-, pero al menos será mía hasta la muerte".
Un día volvió a la casa y no encontró a la muchacha: había desaparecido, raptada por un exhibidor de fenómenos.
                                                                    Henri Pierre Cami
                                                                                

Cortísimo metraje

Automovilista en vacaciones recorre las montañas del centro de Francia, se aburre lejos de la ciudad y de la vida nocturna.
Muchacha le hace el gesto usual del auto-stop, tímidamente pregunta si dirección Beaune o Tournus. En la carretera unas palabras, hermoso perfil moreno que pocas veces pleno rostro, lacónicamente a las preguntas del que ahora, mirando los muslos desnudos contra el asiento rojo.
Al termino de un viraje el auto sale de la carretera y se pierde en lo más espeso. De reojo sintiendo cómo cruza las manos sobre la minifalda mientras el terror poco a poco. Bajo los árboles una profunda gruta vegetal donde se podrá, salta del auto, la otra portezuela y brutalmente por los hombros.
La muchacha lo mira como si no, se deja bajar del auto sabiendo que en la soledad del bosque. Cuando la mano por la cintura para arrastrarla entre  los árboles, pistola del bolso y a la sien. Después billetera, verifica bien llena, de paso roba el auto que abandonará algunos kilómetros más lejos sin dejar la menor impresión digital porque en ese oficio no hay que descuidarse.
                                                 Julio Cortázar

martes, 16 de diciembre de 2014

MASTURBOPRENDA


La imagen de tus ingles
tensando la convexa curva gris de franela
de tu falda de ayer
se presenta, difusa, en mi cabeza
y se mezcla con otras que no quiero ni verlas.
La pompa de jabón que ya tenía en mis manos
se escapa y se convierte en
la imagen de tus ingles y tu boca diciendo
durante una centésima
de segundo: "¿algo más
que decir? bueno, acaba
de una vez... no, no me apetece, adiós"
Y vuelve a aparecer todo el cortejo
de retales de ti
con frecuencia frecuente como el ritmo
de la mano
                 que llega,
que llega ya, ya llega
a la linea encarnada del manómetro...
Y, ¡plop! desaparece de repente
cuando irrumpe en la pista un meteoro de ámbar 
que me apresuro -mientras
doy el agua caliente-
a borrar de mi mapa.
                                  Aníbal Núñez

Jean Galli de Bibiena (1709-1779)

Oveja negra de una notable familia de artistas franceses consagrados a la arquitectura teatral en las principales cortes de Europa.
Se aparta del oficio familiar y se inicia en la carrera literaria, pero, cuando empezó a lograr un cierto éxito, tuvo que huir de Francia, acusado de violar a una niña de tres años.
Sus novelas exaltan el placer amoroso acompañado del sentimiento, oponiéndose al libertinaje arrollador de la literatura erótica imperante en el siglo XVIII. Su narrativa se ha visto siempre rodeada de un halo de insidiosa perversión, por su evidente erotización de la vida, por su insistente "voyeurismo", por la fascinación que ejerce un relato donde las fronteras entre lo verdadero y lo falso quedan permanentemente disimuladas.
Su obra más importante, "La muñeca", se desarrolla en el París de Luis XV, donde un joven abate en busca de amoríos olvida a la vendedora que le había interesado al ver una muñeca bellísima por la que literalmente queda seducido. La compra, la lleva apresuradamente a su casa y ante su estupor, la muñeca cobra vida. Se trata de una sílfide, que le iniciará en el arte de la seducción y el amor.

lunes, 15 de diciembre de 2014

A vuela pluma (III)

La Fe y las montañas
Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.
Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.
Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

La Oveja negra
En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.
Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

La Mosca que soñaba que era un águila
Había una vez una Mosca que todas las noches soñaba que era un águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.
En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras demasiado fuertes; bueno, que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto sobre los ricos pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como sufrir a conciencia dándose topetazos contra los vidrios de su cuarto.
En realidad no quería andar en las grandes alturas, o en los espacios libres, ni mucho menos.
Pero cuando volvía en sí lamentaba con todo el alma no ser un águila para remontar montañas, y se sentía tristísima de ser una Mosca, y por eso volaba tanto, y estaba tan inquieta, y daba tantas vueltas, hasta que lentamente, por la noche, volvía a poner las sienes en la almohada.
                                                                   
                                                                                Augusto Monterroso

jueves, 11 de diciembre de 2014

El "compadrito"


Juan Pedro Rearte no pudo pensar, ni aun sentir confusamente, porque, al igual de todos los individuos de su profesión, era lo que en el lenguaje familiar de entonces se llamaba "un compadrito". Ahora bien: el compadrito era instintivamente conservador, como lo son todos los hombres satisfechos de sí mismos, y nada más vano de su persona que aquellos cocheros de requintada gorra de visera, clavel tras de la oreja, pañuelo de seda al cuello, pantalón abombillado a la francesa y breves botines de alto taco militar. El orgullo de su condición evidenciábase a cada momento, en los arabescos que dibujaban en el aire con la fusta al arrear los caballos; en los floreos con que exornaban en su cometa de asta las frases más sabidas de los aires populares; en la vertiginosa destreza con que daban vueltas a la manivela del freno; en la dulzura socarrona de sus requiebros a las mucamas, y en el desprecio burlón de sus intimidaciones a los rivales en el tráfico.
Solo cuando abandonaba la elevada plataforma -tribuna ambulante de galanterías y denuestos- tornaba el cochero de tranvía a su humilde condición de proletario. Pero esa vuelta a la oscuridad era demasiado breve para darle tiempo a reflexionar sobre lo inane de su orgullo.
Trabajando diez horas al día, faltábales el ocio, engendrador de todos los vicios y, en particular, del más terrible de todos ellos: el vicio filosófico del pesimismo y la timidez...
                                                               Pilar de Lusarreta

Salomón y Azrael

Un hombre vino muy temprano a presentarse en el palacio del profeta Salomón, con el rostro pálido y los labios descoloridos.
Salomón le preguntó:
- ¿Por qué estás en ese estado?
Y el hombre le respondió:
-Azrael, el ángel de la muerte, me ha dirigido una mirada impresionante, llena de cólera. ¡Manda al viento, por favor te lo suplico, que me lleve a la India para poner a salvo mi cuerpo y mi alma!
Salomón mandó, pues al viento que hiciera lo que pedía el hombre. Y, al día siguiente, el profeta preguntó a Azrael:
-¿Por qué has echado una mirada tan inquietante a ese hombre, que es un fiel? Le has causado tanto miedo que ha abandonado su patria.
Azrael respondió:
-Ha interpretado mal mi mirada. No lo miré con cólera, sino con asombro. Dios, en efecto, me había ordenado que fuese a tomar su vida en la India, y me dije:
¿Cómo podría, a menos que tuviese alas, trasladarse a la India?
                                                                           Yalal Al-Din Rumi