domingo, 30 de noviembre de 2014

No hay oficio despreciable

Un santo varón pidió a Dios que le revelara quién iba a ser su compañero en el Paraíso. La respuesta vino en sueños: "El carnicero de tu barrio." El hombre se afligió sobremanera por tan vulgar e indocto personaje. Hizo ayuno y tornó a pedir, en oración. El sueño se reiteró: "El carnicero de tu barrio." Lloró el piadoso, oró y rogó. Nuevamente lo visitó el sueño: En verdad que si no fueras tan piadoso, serías castigado. ¿Qué hallas de despreciable en un hombre cuya conducta desconoces? Fue a ver al carnicero y le preguntó por su vida. El otro le dijo que repartía sus ganancias entre los pobres y las necesidades de su casa y convino en que esto muchos lo hacían; recordó entonces que una vez redimió a una cautiva de la soldadesca a cambio de un gran esfuerzo de dinero. La educó y la halló apropiada para darla en matrimonio a su único hijo, cuando llegó un joven forastero que se veía angustiado y que manifestó que había soñado que allí se hallaba su prometida desde niña, la que había sido secuestrada por unos soldados. Sin vacilar, el carnicero le entregó a la joven. ¡Verdaderamente eres un hombre de Dios!, dijo el santo curioso y soñador. En las entretelas de su alma, deseó verse una vez más con Dios, para agradecerle en sueños el buen compañero que le había sido destinado para la eternidad.  Dios fue parco: "No hay oficio despreciable, amigo mío."
                                                                                        Rabí Nisim

Ollie Mcgee

¿Habéis observado dar vueltas por el pueblo
a un hombre de ojos abatidos y rostro macilento?
Es mi marido que, por secreta crueldad
inconfesable, me despojó de juventud y belleza;
hasta que al fin, arrugada y con los dientes amarillos,
y todo el orgullo, y en vergonzosa humildad,
me hundí en la tumba.
¿Pero qué creéis que roe el corazón de mi marido?
¡La vista de lo que fui, la vista de lo que hizo de mí!
Eso lo va conduciendo al lugar donde ahora yazgo.
En la muerte, por lo tanto, estoy vengada.
          Edgar Lee Masters

jueves, 27 de noviembre de 2014

Visita a Salvador Dalí

Fui a ver una exposición de Salvador Dalí, con la esperanza de encontrarme con el famoso pintor catalán. Y, efectivamente, estaba allí, en el fondo de la última sala, con sus bigotes largos y enhiestos como los de un mandarín manchú, siendo la figura central de una reunión de adolescentes imberbes y viejas señoras teñidas y reteñidas. Me dijeron que aquél era su auditorio predilecto: el de los que todavía no habían comenzado a vivir y el de los que ya habían dejado de vivir. Por intermedio del secretario de la exposición hice preguntar a Dalí si podía concederme una audiencia privada, de breves minutos. El pintor me miró fijamente durante un buen lapso, y me dijo:
-Lo conozco, he leído su Diario y me asombra que se haya demorado tanto en venir a conocerme. Mis palabras le hubieran ahorrado el fastidio, hasta el inútil suplicio de escuchar millares de palabras sin peso y sin sentido. Ahora es demasiado tarde. Vuelva, pues, a sus imbéciles de escape libre y a sus loros cronométricos.
Me disculpé lo mejor que pude, pero Dalí se mostró intransigente; sus bigotes se agitaban al soplo de su ira mal contenida.
-Váyase, míster Gog, no soy el hombre que usted busca. Usted no podría comprender ni siquiera uno de mis pensamientos. Usted ama a los hombres originales, y yo estoy muy por encima de la originalidad, puesto que represento lo nuevo en lo eterno. Usted busca a los hombres inteligentes, y yo estoy por encima de la inteligencia dado que soy el genio absoluto.
No puedo decir que soy semejante a usted, que está sumergido en las bañeras de la trivialidad. En estos tiempos mi empresa es demasiado importante y no puedo perder ni siquiera un minuto para reparar ese mecanismo gastado que es su cerebro.
-Pero, ¡señor Dalí...!
-¿Tal vez quiere saber qué es lo que estoy haciendo? Es cosa demasiado difícil para usted. Simplemente estoy transformando en formas y signos nuevos toda la realidad humana y divina; estoy dando vuelta al mundo que todos conocen a fin de mostrar la otra parte, el anverso, el otro lado. La verdad es como la luna, que muestra solamente una de sus fases. Solamente mi genio puede imponer una segunda y más auténtica visión del universo. Dios ha dejado su creación a medio hacer, corresponde ahora a Salvador Dalí completarla y terminarla. Por todo ello estoy obligado a rehacer a Dios, es decir, la idea errada y baja que tienen los hombres de Dios. Dalí no es un artista como lo fueron todos los artistas hasta hoy, sino un creador que ha de abrir la segunda era de la Humanidad: antes de Dalí y después de Dalí. Dalí es el único redentor y la pintura es su evangelio.
¿Cómo quiere, pues, que pueda perder ni un solo minuto con usted? Váyase o le haré expulsar por mi ángel gendarme.
                                                  Giovanni Papini   El libro negro

lunes, 24 de noviembre de 2014

La agradable mercancía

En la época en que el señor Francesco degli Ardelaffi era señor de Forli, sucedió una vez que el señor Dolcibone vino a esta ciudad y quiso, para que se cumpliera una sentencia, hacer castrar a un cura; pero no encontró a nadie que supiera hacerlo, por lo que él mismo tuvo que encargarse de tan penosa operación a instancias del gobernador. Hizo preparar un tonel, y desfondando uno de sus lados, lo envió a la plaza, mandando conducir a ella al cura, y provisto de una navaja de afeitar y de un saquito se dirigió también al mismo lugar.
Cuando llegaron los dos, las gentes de Forli estaban ya allí para gozar del espectáculo, y el señor Dolcibone hizo quitar al cura los grillos y ordenó que se pusiera a horcajadas sobre el tonel, de tal modo que sus sagrados testículos pasaban por el agujero que sirve para llenar estas vasijas. Hecho esto, entró en el tonel por debajo, y con su navaja de afeitar cortó en redondo la piel de las bolsas, que metió en el saquito, y todo lo colocó en su faltriquera, con la maliciosa intención de sacar algún beneficio de ellas. El cura, desmayado de dolor, fue retirado de encima del tonel, y así capado, lo condujeron a una casa, en la que durante muchos días se le estuvo asistiendo.
El gobernador se divertía mucho con esta historia cuando, algún tiempo después, un primo del cura fue en secreto a buscar al señor Dolcibone, rogándole muy vivamente le entregase los cascabeles en cuestión, asegurándole que sería recompensado, porque el cura capado no podía sin ellos decir la misa.  El señor Dolcibone, que esperaba a este comprador, había ya salado y ahumado la mercancía, y convino en que le darían por ella veinticuatro libras boloñesas. Concluido el negocio, fue riéndose desaforadamente a referir al gobernador la curiosa mercancía que había vendido.
Era esa una nueva y linda mercancía. Si se vendieran frecuentemente, el mundo estaría mucho mejor. Debía hacerse con todos los curas y estando obligados a rescatarlos tendrían doble perjuicio. Podrán llevarlos en su bolsillo, pero al menos no los llevarían vivos, ocupados en perseguir todos los días a las mujeres del prójimo y a mantener otras presentándolas como amigas, como amas o como parientas. Bautizan como sobrinos a sus hijos y no les da vergüenza llenar los lugares sagrados de concubinas y de niños nacidos de su lujuria y disolución.
                                                                 Franco Sacchetti  (1335)


domingo, 23 de noviembre de 2014

El espejo de viento-luna

...En un año las dolencias de Kia Yui se agravaron. La imagen de la inaccesible señora Fénix gastaba sus días; las pesadillas y el insomnio, sus noches.
Una tarde un mendigo taoísta pedía limosna en la calle, proclamando que podía curar las enfermedades del alma. Kia Yui lo hizo llamar. El mendigo le dijo: "Con medicinas no se cura su mal. Tengo un tesoro que lo sanará si sigue mis órdenes." De su manga sacó un espejo bruñido de ambos lados; el espejo tenía la inscripción: Precioso Espejo de Viento y Luna. Agregó: "Este espejo viene del Palacio del Hada del Terrible Despertar y tiene la virtud de curar los males causados por los pensamientos impuros. Pero guárdese de mirar el anverso. Sólo mire el reverso. Mañana volveré a buscar el espejo y a felicitarle por su mejoría." Se fue sin aceptar las monedas que le ofrecieron.
Kia Yui tomó el espejo y miró según le había indicado el mendigo. Lo arrojó con espanto: el espejo reflejaba una calavera. Maldijo al mendigo; irritado, quiso ver el anverso. Empuñó el espejo y miró: desde su fondo, la señora Fénix, espléndidamente vestida, le hacía señas. Kia Yui se sintió arrebatado por el espejo y atravesó el metal y cumplió el acto de amor. Después, la señora Fénix lo acompañó hasta la salida. Cuando Kia Yui se despertó, el espejo estaba al revés y le mostraba, de nuevo, la calavera. Agotado por la delicia del lado falaz del espejo, Kia Yui no resistió, sin embargo, a la tentación de mirarlo una vez más. De nuevo la señora Fénix le hizo señas, de nuevo penetró en el espejo y satisfacieron su amor. Esto ocurrió unas cuantas veces. La última, dos hombres lo apresaron al salir del espejo y lo encadenaron. "Los seguiré", murmuró, pero "déjenme llevar el espejo". Fueron sus últimas palabras. Lo hallaron muerto, sobre la sábana manchada.
                                                                      P´U SUNG-LING

sábado, 22 de noviembre de 2014

El buitre

Erase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.
Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.
-Estoy indefenso -le dije, vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies; ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar -dijo el señor, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? ¿quiere encargarse usted del asunto?
-Encantado -dijo el señor, no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿puede usted esperar media hora más?
-No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido del dolor; después añadí, por favor, pruebe de todos modos.
-Bueno -dijo el señor, voy a apurarme.
El buitre había escuchado tranquilamente nuestra conversación y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que lo había comprendido todo: voló un poco lejos, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas, sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.
                                                    Frank Kafka

Jacques Cazotte (1719-1792)

Escritor francés nacido en 1719. Considerado como el fundador de la literatura fantástica en Francia en el siglo XVIII.
A los veinte años se traslada a París y en 1747 obtiene el grado de comisario en la marina y es destinado a la Martinica. En 1758 regresa a Francia, donde da comienzo su obra literaria.
En su narrativa, que entronca con el movimiento romántico, Cazotte ve en las artes mágicas y ocultistas un camino válido para llegar al conocimiento, rompiendo de esta forma con la tradición racionalista del clasicismo. Su obra siempre se coloca en el fino filo que separa la realidad del sueño. 
Monárquico ferviente, no oculta nunca su adhesión a Luis XVI. En 1792, las autoridades secuestran unas cartas en las que se cree ver una conspiración, Cazotte es arrestado y condenado a morir colgado en el patíbulo.
Obras:
* Mille et une fadaises
* Contes a dormir debout
* Olivier
* Lord Impromptu
* El diablo enamorado, su novela más afortunada, considerada una de las obras más representativas de la literatura fantástica. El argumento es sencillo: el Demonio toma forma de mujer para apoderarse de su amado.

Cazotte escribe sobre sí mismo: 
"yo era un enamorado de la soledad, del recogimiento, de las meditaciones vagas y fantasiosas.....resolví aislarme totalmente y de casi todos, incluso en las formas más comunes de la vida exterior. Vestía, entonces, un largo traje cuidadosamente abotonado hasta el mentón, un sombrero redondo y chato, de anchas alas caídas, polainas de cuero crudo cerradas con broches de acero. A esto se agregaban cabellos sin empolvar, cortados bastante cerca de la frente, y caídos sobre el cuello y los hombros".



miércoles, 19 de noviembre de 2014

"A todos"

"No se puede de un golpe bañar al enjambre de burócratas: no habría suficientes baños ni jabón"

* (Carta dirigida "a todos" por el poeta soviético Vladimir Mayakovski, fechada el 14 de abril de 1930, dos días antes de poner fin a su vida de un disparo de revólver).

De que muero no culpéis a nadie y, por favor, no chismeeis. El difunto lo odiaba terriblemente.
Madre, hermanas y camaradas, perdonadme el método, pero yo no tengo salidas.
Lilia, quiéreme.
Camarada gobierno: mi familia son Lilia Brik, mi madre, mis hermanas y Veronika Polónska.
Si les haces la vida llevadera, gracias.
Los versos iniciados dadlos a los Brik, ellos los descifrarán.
          "Como se dice, el incidente está zanjado.
            La barca amorosa varó en lo vulgar.
            Estoy en paz con la vida. No vale enumerar
            dolores, desgracias, ofensas mutuas"
                                                                                              Vladimir Mayakovski
                                                                                                    Seguid felices
                                                                                                        12-4-30


martes, 18 de noviembre de 2014

Pasos contados
Desde la curva, pregunté dónde comenzaba aquel camino y unos cazadores me explicaron que exactamente allí donde se recortaba la silueta del sauce encima del horizonte. Caminé hasta desollarme los pies y, al llegar al sauce, un hombre clavado en el suelo me dijo que aquello no era ningún comienzo, sino uno de los finales. Al descubrir mi mirada de estupor -y quién sabe si de espanto-, el hombre clavado en el suelo me recomendó que no hiciera aspavientos y que me buscara un agujero protegido y a mi medida antes de que se pusiera el sol. "Luego -añadió - todo son prisas."
Ganas de buscársela
-Vengo a cobrar el gas -dijo el cobrador.
-No tenemos gas -contestó la señora.
-Pues que sea la electricidad -insistió el funcionario.
-No tenemos electricidad.
-¿Y qué me dice del agua?
-No tenemos agua.
-En tal caso, si me permite, la violaré, que es algo que siempre viene bien.
El espejo del alma
No nos habíamos visto nunca, en ningún sitio, en ninguna ocasión, pero se parecía tanto a un vecino mío que me saludó cordialmente: él también se había confundido.
Un amigo del pueblo
Desde el fondo de las catacumbas, el revolucionario de toda la vida buscaba fórmulas que sirvieran para ser grabadas en piedra, aptas para el discurso y para contrarrestar otras arengas. Encontró una de cantos agudos, después de darle muchas vueltas. Se levantó impulsado por la inspiración y gritó: "¡El rey ha nacido! ¡Muera el rey!"
                                                      Pere Calders  (ver entada en blog)


Una visión memorable

Hallábame en una Imprenta del Infierno, y vi el método por el cual el conocimiento es transmitido de generación en generación.
En la primera cámara había un Hombre-Dragón apartando los escombros  de la boca de una caverna; dentro, un gran número de Dragones ahondaba la cueva.
En la segunda cámara había una Víbora enrollada en una roca de la caverna y otras víboras la engalanaban con oro, plata y piedras preciosas.
En la tercera cámara había un Aguila con alas y plumas de aire que hacían que el interior de la cueva fuera infinito; alrededor, grandes cantidades de águilas semejantes a hombres construían grandes palacios en los inmensos farallones.
En la cuarta cámara había Leones de flameante fuego que, furiosos, transformaban a los hombres en fluidos vivos.
En la quinta cámara, unas formas innominadas lanzaban los metales al espacio.
Allí eran recibidos por hombres que ocupaban la sexta planta y que tomaban la forma de Libros que eran colocados en las Bibliotecas.
                                                       William Blake  (ver entrada en blog)