Es un caso espeluznante
y difícil de narrar,
un suceso apasionante
de acción ruín y criminal.
Allá por el mes de Julio
a las orillas del Duero
dos bañistas casualmente
unos restos descubrieron.
Un brazo junto a una pierna,
al parecer de mujer,
dos señores encontraron
y horrorizados del caso
no han dejado de correr.
No tardan en avisar
el caso a la policía
y ésta, con actividad,
sus pesquisas emprendía.
El Duero fue rastreado
en una larga extensión
y amarrada a un ladrillo
otra pierna apareció.
Hechas las indagaciones
poco costó averiguar
que la víctima es mujer
de vida no natural
y se llamaba "la Tina",
de cuarenta años de edad.
El criminal es un viudo
que sesenta ya cumplió,
con seis hijos que sin culpa
sufrirán difamación.
Con gran cinismo declara,
este viudo criminal,
de la forma que este crimen
él lo vino a realizar.
Comieron él y la víctima
de forma descomunal
y la mujer acostóse
pensando así descansar.
El momento aprovechó
con un hacha el criminal
y la cortó la cabeza
de un golpe descomunal.
A la cocina arrastró
el cuerpo de aquella víctima
y con saña seccionó
cabeza, tronco, piernas y brazos
y en una caja escondió.
Poco a poco cada día
dentro de un saco llevó
y por encima del puente
al río Duero arrojó.
Y el Duero los recogía
pensando el crimen vengar
y sus aguas a la orilla
los restos quiso llevar
y el crimen se descubría
de manera singular.
Y a grandes rasgos descrito
termina aquí este romance
del criminal depravado
que pensó que el río Duero
se lo iba a tener callado.
Cantar de ciego (romance popular)
jueves, 8 de enero de 2015
El drama del desencantado

...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.
Gabriel Gárcia Márquez
martes, 6 de enero de 2015
Un héroe
Un buen día, paseando por la orilla de un río vi de pronto a un boy-scout que se estaba ahogando. Conozco el lugar, no es profundo, así que decidí salvarlo en cuanto se reuniera un poco más de público. Me senté en un banco a esperar. El boy-scout gritaba de lo lindo, por lo que al cabo de poco se congregó en la orilla un nutrido grupo de gente. Esperé un poco más para que el público estuviera al completo, entonces me levanté, me acerqué al agua y animado por los gritos de admiración me puse a quitarme lentamente el zapato izquierdo. El público me aplaudió. Estaba ya en calcetines cuando me di cuenta de que un sinvergüenza también se disponía a desnudarse. Me puse furioso.–Yo estaba aquí primero –le dije.
Y él me contestó:
–¿Es tuyo el boy-scout o qué? –y se puso a quitarse el chaleco.
–¡Tiene razón! –se dejaron oír unas voces entre el público–. ¡El boy-scout es de todos!
–Deja esos pantalones –le dije–. Tú aún no estabas en este mundo cuando yo ya salvaba boy-scouts.
–Habrás salvado a tu abuela –me contestó en un tono insultante.
–Y tú a tu tía. Vete a hacer puñetas y deja en paz al boy-scout.
El público iba en aumento. Unos estaban de mi parte, otros decían que todo el mundo tiene derecho a salvar boy-scouts. Vi que las cosas se complicaban y que todo dependía de quién se desnudase primero. Aunque él había comenzado más tarde, como llevaba cremallera me alcanzó. Le gané sólo al llegar a los calzoncillos. Al ver que perdía su oportunidad quiso saltar al agua tal como estaba, en ropa interior. Se me encendió la sangre y le eché la zancadilla. ¡Por hacerse el héroe! No sé qué pasó con el boy-scout porque a nosotros nos llevaron a urgencias. Yo le disloqué un brazo y él me rompió unos dientes.
Salvar a los que se ahogan requiere valor y sacrificio.
Slawomir Mrozek (1930-2013)
domingo, 4 de enero de 2015
El arte de amar
Celestino amaba a Leticia, la que amaba locamente a Segismundo, el que amaba con entusiasmo y sin entusiasmo a Valeria, la que amaba con furia uterina a Luis Alberto, el que observaba las estrellas, solitario, y sólo amaba a Nora del Carmen, la que no amaba a nadie, casi loca en su amor platónico.
Celestino se fue a la Unión Soviética en el otoño de 1960. Leticia tuvo una crisis religiosa y se enamoró de Maimónides, un poco antes de ingresar al convento de las Hijas del Buen Pastor. Segismundo se volvió loco sin saber por qué, luego de amar con entusiasmo y sin entusiasmo. Valeria descubrió el Arte de la Soledad en su casa llena de gatos equívocos, famélicos, esquivos, y junto a la sombra de Pericles, aquel loro inmortal que sólo hablaba en una lengua muerta: una especie de esperanto en resurrección casi permanente, aunque ustedes no lo crean.
Luis Alberto se suicidó en una noche de verano, no muy lejos del cerro San Cristóbal, cerca del principio y del fin del mundo, en Santiago de Chile, con un calor insuperable, más bien olímpico, y Nora del Carmen se casó al fin con Hernán Rodrigo Lavín Cerdus, un loco que nada tenía que ver con la historia, pero lo sospechaba todo a través de la sutileza de su espíritu.
Psicosomáticamente, Lavín Cerdus lo sospechaba todo.
Hernán Lavín Cerda
Soneto
Soñé anoche que Filis, de regreso,bella como lo fue en la luz del día,
quiso que yo gozase su fantasma,
nuevo Ixión abrazado a una nube.
Se deslizó en mi lecho murmurando,
ya desnuda su sombra: "Al fin he vuelto,
Damón, y más hermosa: el reino triste
Donde me guarda el hado, me embellece.
Vengo para gozarte, bello amante,
Vengo por remorir entre tus brazos".
Después, cuando mi llama se extinguía:
"Adiós —dijo—, regreso entre los muertos.
De joder con mi cuerpo te jactabas,
Jáctate hoy de haber jodido mi alma".
Théophile de Viau (1590-1626)
domingo, 28 de diciembre de 2014
MICRORRELATOS
* Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho. A. Monterroso
* Verse y amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro. Poli Délano
* El único momento en que Sancho Panza no dudó de la cordura de don Quijote fue cuando lo nombraron gobernador de la ínsula Barataria. Marco Denevi
* Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían. Alejandro Jodorowki
* Soñabas con rosas envueltas en papel de seda para tus aniversarios de boda, pero él jamás te las dio. Ahora te las lleva todos los domingos al panteón. Alejandra Basualto
* Tras una discusión, coloqué a mi mujer sobre la mesa, la planché y me la vestí. No me sorprendió que resultara muy parecida a un hábito. Miguel Gómes
* Cuando F’ang, el conductor, se sentía fatigado tras una dura jornada de labor, descansaba tres años. Y con él todo el reino. Rodolfo Modern
* Los senos de aquella mujer, que sobrepasaban pródigamente a los de una Jane Mansfield, le hacían pensar en la pobreza de tener únicamente dos manos. Edmundo Valadés
* Tan pronto el sacerdote concluyó la frase …y formaréis una sola carne, el novio, excitado, se lanzó a devorar a la novia. Armando José Sequera
* Era ciego y caminaba por la calle Florida con un bastón blanco, apoyado en el brazo de una robusta criada, pero no era Borges. David Lagmanovich
* La hermosa y sensual señora se acostaba con los jóvenes escritores nacionales para mejorar la calidad de la nueva literatura erótica mexicana. José de la Colina
* Es fácil juntar de nuevo a Los Beatles. Sólo se necesitan tres balazos. O.E. Van Bredan
* Le propuso matrimonio. Ella no aceptó. Y fueron muy felices. Anónimo
sábado, 27 de diciembre de 2014
Cuento de horror
-Thaddeus, voy a matarte.
-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.
¿Cuándo he bromeado yo?
-Nunca, es verdad.
-¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?
-¿Y cómo me matarás? -siguió riendo Thaddeus Smithson.
-Todavía no lo sé. Quizá poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.
El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.
Marco Denevi
jueves, 25 de diciembre de 2014
DISTANCIA
Julio Ramón Ribeyro
Tranvía
Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. "Amplia sonrisa, caderas anchas... una madre excelente para mis hijos", pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.
Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.
Dudó. Ella bajó.
Se sintió divorciado: "¿Y los niños, con quién van a quedarse?"
Andrea Bocconi
Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.
Dudó. Ella bajó.
Se sintió divorciado: "¿Y los niños, con quién van a quedarse?"
Andrea Bocconi
miércoles, 24 de diciembre de 2014
La uña
El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose por la juntura de la tapa y arrastrarse hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía, que ni ¡ay! dijo, para tirarse a la de Miguel, traspasándola.
Fue lo menos que pudo hacer el difunto: también es cuerno la uña.
Max Aub
Fue lo menos que pudo hacer el difunto: también es cuerno la uña.
Max Aub
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