Hallábame en una Imprenta del Infierno, y vi el método por el cual el conocimiento es transmitido de generación en generación.
En la primera cámara había un Hombre-Dragón apartando los escombros de la boca de una caverna; dentro, un gran número de Dragones ahondaba la cueva.
En la segunda cámara había una Víbora enrollada en una roca de la caverna y otras víboras la engalanaban con oro, plata y piedras preciosas.
En la tercera cámara había un Aguila con alas y plumas de aire que hacían que el interior de la cueva fuera infinito; alrededor, grandes cantidades de águilas semejantes a hombres construían grandes palacios en los inmensos farallones.
En la cuarta cámara había Leones de flameante fuego que, furiosos, transformaban a los hombres en fluidos vivos.
En la quinta cámara, unas formas innominadas lanzaban los metales al espacio.
Allí eran recibidos por hombres que ocupaban la sexta planta y que tomaban la forma de Libros que eran colocados en las Bibliotecas.
William Blake (ver entrada en blog)
martes, 18 de noviembre de 2014
domingo, 16 de noviembre de 2014
Variación sobre el ángel
Había en mi pueblo, de cuyo nombre no quiero acordarme, un poeta que escribía tragedias. Luego las leía a los señores del casino que se las celebraban con aplauso, pero que, previamente aunados en un común sentir, le aseguraban que eran óperas. Cada vez que el poeta escribía una tragedia le salía una ópera.
Como el suceso parecía bastante extraordinario, el poeta fue objeto de fingidos exámenes gracias a los cuales pudo descubrirse que en el cielo de la boca tenía un ángel. En su paso a través del ángel, la materia trágica emitida se transformaba para los oyentes en materia musical y cantada. El poeta fue expuesto, con la boca abierta, en el escaparate de un comercio de tejidos para que el común de las gentes pudiera ver al ángel.
Conocí después a un poeta de aquel mismo lugar que, acometido de inocencia, quería componer himnos. Y siempre que escribía un himno le salía un plañido o una rota palabra amarga o melancólica. Alcanzó este segundo poeta celebridad menor o nula, y nunca fue públicamente expuesto. De haberlo sido, habrían podido contemplar sus sórdidos paisanos cómo aún guardaba en el cielo de la boca el abrasado rastro de otro ángel caído.
José A. Valente
Como el suceso parecía bastante extraordinario, el poeta fue objeto de fingidos exámenes gracias a los cuales pudo descubrirse que en el cielo de la boca tenía un ángel. En su paso a través del ángel, la materia trágica emitida se transformaba para los oyentes en materia musical y cantada. El poeta fue expuesto, con la boca abierta, en el escaparate de un comercio de tejidos para que el común de las gentes pudiera ver al ángel.
Conocí después a un poeta de aquel mismo lugar que, acometido de inocencia, quería componer himnos. Y siempre que escribía un himno le salía un plañido o una rota palabra amarga o melancólica. Alcanzó este segundo poeta celebridad menor o nula, y nunca fue públicamente expuesto. De haberlo sido, habrían podido contemplar sus sórdidos paisanos cómo aún guardaba en el cielo de la boca el abrasado rastro de otro ángel caído.
José A. Valente
HOMO
Homo peccator el que esta noche se disfraza de bonete y polainas, dice llamarse Filiberto de Rengo, desliza hacia tu alcoba en penitencia su pernicioso tobillo, y luego su pezuña que encubre la malicia de su pata de mulo. Ten cuidado, Obdulia, del cardiaco Quasimodo, sibilino y lascivo. Te cortará con una gillette los nueve velos que cubren tu fanatismo, tu ira, tu rencor.
No acoples con el enviado diabólico. Triste figura la suya: gordo, coludo, culón, recatado pero gracioso, de cuchillo sin vaina, callos locos, bocio y pelvis púrpura; dominado por la artrosis, los espíritus, el bloqueo, la arritmia. Con marcapaso cojo y peluca como una zorra terca, un higo, una chirimoya que muere.
No ayuntes, Princesa de los Inútiles: que nadie toque tus almorranas. Cuídate de la pezuña del Trauco que se derrumba sobre la soltería del tálamo como un pie humanista. No hagas módulo con nadie y hunde tus caderas: acolmíllale el tobillo y gana tiempo, coqueta, pero no le muerdas la pezuña, por nada del mundo me la muerdas.
Deja tranquila tu curva, suelta tus nalgas, cierra los ojos y duérmete. ¿No te bastó mi cariñoso papá? Es cierto que se fue en sangre, pero era el toro de la familia y sabía de modernismo.
Me confieso, Obdulia: siento pánico cuando me miro en tu culo sutil.
Hernán Lavín Cerda
No acoples con el enviado diabólico. Triste figura la suya: gordo, coludo, culón, recatado pero gracioso, de cuchillo sin vaina, callos locos, bocio y pelvis púrpura; dominado por la artrosis, los espíritus, el bloqueo, la arritmia. Con marcapaso cojo y peluca como una zorra terca, un higo, una chirimoya que muere.
No ayuntes, Princesa de los Inútiles: que nadie toque tus almorranas. Cuídate de la pezuña del Trauco que se derrumba sobre la soltería del tálamo como un pie humanista. No hagas módulo con nadie y hunde tus caderas: acolmíllale el tobillo y gana tiempo, coqueta, pero no le muerdas la pezuña, por nada del mundo me la muerdas.
Deja tranquila tu curva, suelta tus nalgas, cierra los ojos y duérmete. ¿No te bastó mi cariñoso papá? Es cierto que se fue en sangre, pero era el toro de la familia y sabía de modernismo.
Me confieso, Obdulia: siento pánico cuando me miro en tu culo sutil.
Hernán Lavín Cerda
sábado, 15 de noviembre de 2014
A vuela pluma (II)
Cuento de Navidad Había una vez un arquitecto o un caballero en Filadelfia, a quien se le dijo: "¿Conoces la catedral de Colonia?, pues haz construir una parecida. Y como él no conocía la catedral de Colonia, fue hecho preso. En la prisión se le apareció un ángel que le dijo: Wolfrang, Wolfrang, ¿por qué te desconsuelas? -Debo permanecer preso porque no conozco la catedral de Colonia-. Te hace falta el vino del Rhin para edificar la catedral de Colonia, pero muéstrales el plano y entonces podrás salir de la prisión. Y el ángel le dio el plano y pudo salir de la prisión, pero no pudo edificar la catedral porque no encontraba el vino del Rhin. Tuvo la idea de hacerlo traer a Filadelfia, pero se le envió un aborrecible vino francés de la Moselle; de suerte que no pudo edificar la catedral de Colonia en Filadelfia; se limitó a hacer un horroroso templo protestante.
Max Jacob
Por activa y por pasiva
Cortometraje realizado en 2013 por el director de cine salmantino Rodrigo Cortés.
" Un grupo de niños debaten, por activa y por pasiva, sobre el estado de las cosas "
jueves, 13 de noviembre de 2014
A vuela pluma
Ambrose Bierce
martes, 11 de noviembre de 2014
El virus
Santa Madre de Dios, cúrame a este niño. Anda siempre por el aire, nunca quiere tocar tierra. Flota en la casa como un globo, lo que es molesto para las visitas porque en cualquier momento puede orinarles el sombrero o mancharles la ropa con algo peor. Hace milagros idiotas: multiplica las arañas y las ratas. Además huele a rayos porque es imposible bañarlo: no quiere entrar en el agua e insiste en quedarse de pie sobre su superficie. Ayer volvió a la vida a un pollo asado. Sin plumas ni cabeza, ahora anda por ahí tropezando entre los muebles, perseguido por los gatos. ¡Hazlo normal, Virgen adorada, para que ya no le devuelva la vista a tanto hombre lúbrico! Esos que fueron ciegos pegan sus ojos saltones a los vidrios de mi ventana, dándose placeres manuales cuando en la noche me quito las enaguas. También, al quejarnos de la sequía, nos hizo llover sobre las salinas. Y lo que es peor, Madre Inmaculada, durante la comunión convirtió las ostias en chorizo para que alimentaran a los patipelados. ¡Por favor cúralo, Virgencita buena, límpiamelo del virus de la santidad!. Alejandro Jodorowsky
VOCABULARIO
Putas, bagasas, puchas, cantoneras,
sotas, tusonas, izas, quilloteras,
rabizas, bujarras, piculinas, leas,
picañas, coimas, daifas, rameras,
burracas, currutacas, baldomeras,
fulanas, chuchas, hetairas, cellencas,
gabasas, meretrices, manflas, pencas,
suripantas, zamarros, cotorreras,
pelagartas, lumiascas, chuchumecas,
mozcorras, prostitutas, troteras,
lúas, trongas, guarichas, pajilleras,
¡marcas hispanas de la A a la Z,
gozo del pijo, gloria de la lengua!
Manuel Urbano
sotas, tusonas, izas, quilloteras,
rabizas, bujarras, piculinas, leas,
picañas, coimas, daifas, rameras,
burracas, currutacas, baldomeras,
fulanas, chuchas, hetairas, cellencas,
gabasas, meretrices, manflas, pencas,
suripantas, zamarros, cotorreras,
pelagartas, lumiascas, chuchumecas,
mozcorras, prostitutas, troteras,
lúas, trongas, guarichas, pajilleras,
¡marcas hispanas de la A a la Z,
gozo del pijo, gloria de la lengua!
Manuel Urbano
lunes, 10 de noviembre de 2014
Mitos esenciales del cine de terror ( I )
Vilipendiado sistemáticamente por generaciones de críticos e historiadores, y marginado a su pesar de los circuitos normales de distribución, el cine de terror es, no obstante, en la actualidad el único depositario de las armas secretas que los surrealistas atribuían al cine en general.
Escritores de corte fantástico como Jonathan Swift, Achim von Arnim, Nataniel Hawthorne, R.L. Stevenson, Conan Doyle, Nikolai Gogol o M.R. James, han dado origen a algunos de los más significativos mitos esenciales del cine de terror, abarcando la casi totalidad de constantes temáticas que le son propias: monstruosidad física o psicológica, creación de androides, bestialidad y gigantismo, metamorfosis, criaturas de ultratumba, autonomía de partes del cuerpo humano separadas de él, etc.
Monstruosidad física:
Seres que debido a causas diversas, como mutilaciones, amputaciones, deformaciones congénitas, etc, presentan una alteración física fundamental que contraviene las inmutables reglas de la "normalidad", provocando el más elemental de los terrores: el físico.
- "El jorobado de Notre-Dame de París" (1923) Wallace Worsley
- "El hombre sin brazos" (1927) Tod Browning
- "El hombre que ríe" (1928) Paul Leni
- "Harry, el enano" (1930) Tod Robbins
- "La parada de los monstruos" (1932) Tod Browning
- "El fantasma de la Opera" (1925) Rupert Julian
- "Los crímenes del museo de cera" (1933) Michael Curtiz
- "El hombre invisible" (1933) James Whale
- "El rayo invisible" (1936) Lambert Hillyer
- "La mujer invisible" (1940) A.E. Sutherland
- "Los ojos ocultos de Londres" (1939) Walter Summers
- "La mosca" (1958) Kurt Neumann
- "Ojos sin rostro" (1960) Georges Franju
- "El hombre con rayos X en los ojos" (1963) Roger Corman
- "Arde, bruja, arde" (1936) A.A. Merritt
- "Dr. Cíclope" (1940) Ernest B. Schoedsack
- "Un amor de bolsillo" (1957) Pierre Kast
- "El gigante ataca" (1958) Bert I. Gordon
Escritores de corte fantástico como Jonathan Swift, Achim von Arnim, Nataniel Hawthorne, R.L. Stevenson, Conan Doyle, Nikolai Gogol o M.R. James, han dado origen a algunos de los más significativos mitos esenciales del cine de terror, abarcando la casi totalidad de constantes temáticas que le son propias: monstruosidad física o psicológica, creación de androides, bestialidad y gigantismo, metamorfosis, criaturas de ultratumba, autonomía de partes del cuerpo humano separadas de él, etc.
Monstruosidad física:
Seres que debido a causas diversas, como mutilaciones, amputaciones, deformaciones congénitas, etc, presentan una alteración física fundamental que contraviene las inmutables reglas de la "normalidad", provocando el más elemental de los terrores: el físico.
- "El jorobado de Notre-Dame de París" (1923) Wallace Worsley
- "El hombre sin brazos" (1927) Tod Browning
- "El hombre que ríe" (1928) Paul Leni
- "Harry, el enano" (1930) Tod Robbins
- "La parada de los monstruos" (1932) Tod Browning
- "El fantasma de la Opera" (1925) Rupert Julian
- "Los crímenes del museo de cera" (1933) Michael Curtiz
- "El hombre invisible" (1933) James Whale
- "El rayo invisible" (1936) Lambert Hillyer
- "La mujer invisible" (1940) A.E. Sutherland
- "Los ojos ocultos de Londres" (1939) Walter Summers
- "La mosca" (1958) Kurt Neumann
- "Ojos sin rostro" (1960) Georges Franju
- "El hombre con rayos X en los ojos" (1963) Roger Corman
- "Arde, bruja, arde" (1936) A.A. Merritt
- "Dr. Cíclope" (1940) Ernest B. Schoedsack
- "Un amor de bolsillo" (1957) Pierre Kast
- "El gigante ataca" (1958) Bert I. Gordon
viernes, 7 de noviembre de 2014
LECHO
Mueble destinado al descanso, al sueño y al amor. El hombre medio pasa 125 días por año, es decir, cerca de la tercera parte de su vida, estirado en el lecho. Luis XIV poseía 413 lechos que estrenaba uno tras otro, igual como uno se cambia de zapatos. En 1789, el doctor James Graham construyó en Londres su famoso Lecho-Celeste, un monumento "médico-magnético-musical-luminoso". Lo había ideado, no sólo para asegurar la derrota de la esterilidad, sino también para exaltar y revigorizar las facultades corporales y mentales. El aparato podía ser alquilado por una noche a razón de 50 guineas por pareja.
Con una longitud de cuatro metros y una anchura de tres, se apoyaba en 40 pies de cristal tallado y estaba coronado por una cúpula de espejos que reflejaban los encantos y las variadas posturas de la feliz pareja. La cúpula sostenía unas estatuas de Psiqué, Cupido e Himeneo con antorchas en una mano y aguantando en la otra una corona ornada de un lecho de rosas y de dos palomas blancas vivas. Unos tubos de órgano producían una "melodía celeste" dirigida por los movimientos eléctricos del lecho, los colchones estaban rellenos de rosa, de lavanda, de especias orientales y de crin procedente de colas de garañones pura-sangre.
Robert Benayoun
Con una longitud de cuatro metros y una anchura de tres, se apoyaba en 40 pies de cristal tallado y estaba coronado por una cúpula de espejos que reflejaban los encantos y las variadas posturas de la feliz pareja. La cúpula sostenía unas estatuas de Psiqué, Cupido e Himeneo con antorchas en una mano y aguantando en la otra una corona ornada de un lecho de rosas y de dos palomas blancas vivas. Unos tubos de órgano producían una "melodía celeste" dirigida por los movimientos eléctricos del lecho, los colchones estaban rellenos de rosa, de lavanda, de especias orientales y de crin procedente de colas de garañones pura-sangre.
Robert Benayoun
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