Oscar Wilde fue condenado a dos años de cárcel, en mayo de 1895, por "cometer actos sumamente indecentes con otras personas de sexo masculino", y fue liberado en mayo de 1897, tras cumplir íntegramente su condena. Sus tormentosas relaciones con Lord Alfred Douglas suponen no sólo su encarcelamiento, sino también su bancarrota. De Profundis es la única obra que escribió en la cárcel, y la última de sus obras en prosa. Le dio la forma de carta dirigida a A. Douglas. La escribió en hojas sueltas que le eran proporcionadas de una en una y que iban quedando depositadas en manos del alcaide de la cárcel de Reading, el cual entregó el manuscrito íntegro a Wilde el día de su liberación. De Profundis, obra apasionada en la que Wilde busca el sentido de su existencia en el sufrimiento asociado con el arte. Desvela una faceta insólita, ferozmente agria, pero en absoluto menos brillante de uno de los dandys más ingenioso de todos los tiempos; constituyendo un testimonio apasionado sobre si mismo de un genio sometido a unas duras condiciones de tensión anímica.
Cortometraje dirigido por Rodrigo Cortés en el año 2000, que alcanzó notable éxito y cosechó más de cincuenta premios nacionales e internacionales. Se trata de un falso documental que narra la historia de un hombre (Castor) que vive a costa de aprovecharse de los periodos de prueba de objetos de consumo y que se pueden devolver antes de expirar dicho periodo de prueba.
Acoitrapa era un pastor de llamas. Tocaba la quena tan dulcemente que hasta las flores se abrían para oírlo. Un día, Chuquillanto, la hija del Sol, oyó sus melodías y bajó a escucharlo. Al finalizar el día, el pastor y la hija del Sol se habían enamorado. Pero ellos sabían que el Sol nunca iba a aceptar su unión. Una noche, Chuquillanto se sentó a llorar su pena junto a unas fuentes de palacio. Las fuentes entendieron su tristeza, llamaron a la lluvia y la ordenaron que transmitiera al pastor el sentimiento de la joven. El pastor recibió el mensaje, pero se sintió inmensamente triste. Llorando lo encontró su madre. La anciana le sugirió que fuera a ocuparse de su rebaño. Más tarde, Chuquillanto llegó a buscar a su amado, y la anciana le regaló un bastón de piedras preciosas, herencia de sus antepasados. Cuando la princesa regresó al palacio, vio que el bastón empezaba a cambiar de colores. De pronto, se abrió como una flor y de su centro apareció Acoitrapa. Ella se acercó, se abrazaron y se besaron, y durmieron juntos. Al día siguiente, los enamorados huyeron del palacio. Pero el Sol los mandó perseguir. Sabiéndose perdidos, pues tarde o temprano el Sol los alcanzaría, le pidieron un último deseo al bastón mágico. -¡Conviértenos en piedra, así nadie podrá separarnos! El bastón, cuya misión era unir a los que se aman, realizó el deseo de la pareja. Los convirtió en una hermosa montaña y, de esta manera, los unió para siempre. Hoy, la montaña se llama Pitusiray y está cerca del pueblo de Caica, en el Valle Sagrado de los Incas. Leyenda Inca
En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al día siguiente. Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles. El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día. El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aún así, los resultados fueron nulos. Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó: -¿Cuando fue la última vez que afilaste tu hacha? El joven respondió: -Realmente, no he tenido tiempo. . . He estado demasiado ocupado cortando árboles. . . Anónimo Oriental
" La Roma de los Borgia " es una novela poco conocida de Gillaume Apollinaire, escrita en colaboración con René Dalize, publicada en 1913 y raramente editada posteriormente. Esta novela ha sido definida como pornográfica, anticlerical, antirreligiosa.....Si bien hay elementos que permiten propiciar una apresurada calificación de la obra mediante estos adjetivos, es más exacto definir "La Roma de los Borgia" como una novela cruel, de héroes crueles y de una época cruel. Lo que Apollinaire y Dalize describen es la crueldad del poder. Los elementos eróticos o antirreligiosos son utilizados para desvelar los entresijos de dicho poder y no para juzgar la moralidad de unos hechos o de la sociedad de su tiempo. Los personajes levantan acta de una época, son héroes que se adaptan a su tiempo, no para transformarlo, sino para dominar a sus contemporáneos. La crueldad deja de ser un hecho subjetivo o la característica de tal o cual personaje, para convertirse en la regla de juego de una sociedad.
(*) Un hombre viajó a Chelm a fin de pedir consejo al Rabino Ben Kaddish, el más sabio de todos los rabinos del siglo XIX y quizás el pelmazo más importante desde la Edad Media. -Rabino -preguntó el hombre-, ¿dónde puedo encontrar la paz? El hasídico lo miró y dijo: -¡Rápido, mira detrás tuyo! El hombre dio media vuelta, y el rabino Ben Kaddish le dio en la nuca con un candelabro. -¿Es paz suficiente para ti? -le dijo ajustándose su casquete. (*) El Rabino Raditz de Polonia era un rabino muy bajo con una barba muy larga. Se dice de él que inspiró muchas reyertas con su sentido del humor. Uno de sus discípulos le preguntó: -¿Quién era el preferido de Dios? ¿Moisés o Abraham? -Abraham -replicó el judío. -Pero Moisés condujo a los judíos a la Tierra Prometida -dijo el discípulo. -Pues bien, entonces Moisés - contestó. -Comprendo, Rabino. Fue una pregunta estúpida. -No sólo eso, sino que eres un imbécil, tu mujer es un horror, y si no dejas de pisarme, quedas excomulgado. (*) Un hombre que no podía casar a una hija suya muy fea, visitó al Rabino Shimmel de Cracovia. Tengo una gran pena en el corazón -le dijo- porque Dios me ha dado una hija fea. -¿Cuán fea? -preguntó el rabino. -Si la tumbara en un plato al lado de un arenque, usted no podría distinguir quién es quién. El rabino de Cracovia pensó un largo rato y por último preguntó: -¿Qué clase de arenque? El hombre, sorprendido por la pregunta, pensó rápidamente y contestó: -Eh... un arenque Bismark. -¡Qué lástima! -exclamó el rabino-. Si fuera del Báltico tendría más posibilidades. Woody Allen Como acabar de una vez por todas con la cultura (1966)
No guardaba del lugar donde nació recuerdo grato alguno. Le habría gustado, me explicaba, nacer en ningún sitio para que en él pusieran sobre piedra solemne escrito en humo: Aquí nació nadie. No tenía recuerdo duradero que no fuera el de la infancia cercada. Torpe lugar de nieblas insalubres. Descargadero innoble de deshechos del tiempo en estado de sitio. Pozo. Desde el brocal escrutas aún el fondo donde el agua sellada no recompone imágenes. Niñez y adolescencia sitiadas. Calle abajo venía un muerto prematuro con una indescifrable sonrisa en la voz ciega. Os dijisteis adiós. (Ya nunca volverían vuestros labios a unirse.) Alrededor todo tenía vida menor que un muerto. Era la mineral supervivencia del vacío de nada. Y en los pasillos, en las paredes, en los ridículos salones se escribía en palotes la parodia soez, la falsa historia de antemano negada. Nadaba en el aceite un pez enorme. Tenía un ojo sólo; el otro, sumergido, abrasado, chirriaba. Lo miraste. Era tiempo de huir. Entonces dispusiste las palabras, ciertas palabras sueltas de sus sucios engastes, como puente de tablas sobre los dos abismos. No conservaste imágenes, decías. Acaso sí. De una esquina de piedra y de un árbol segado. O la memoria de tu propio cuerpo, de un ave agonizante en las manos de nadie. José Ángel Valente El fin de la edad de plata (1973)
Necesito a mi lado una mujer sencilla y equilibrada, y cuya alma agitada y oscura no alimentara continuamente mi desesperación. Los últimos tiempos te veía siempre con un sentimiento de temor e incomodidad. Se muy bien que tus inquietudes por mí son a causa de tu amor, pero es tu alma enferma y malformada como la mía la que exaspera esas inquietudes y te corrompe la sangre. No quiero seguir viviendo contigo bajo el miedo. Agregaré además que necesito una mujer que sea mía exclusivamente, y que pueda encontrar en todo momento en mi casa. Estoy aturdido de soledad. Por la noche no puedo regresar a un cuarto solo sin tener a mi alcance ninguna de las comodidades de la vida. Me hace falta un hogar y lo necesito enseguida, y una mujer que se ocupe de mi permanentemente, incapaz como soy de ocuparme de nada, que se ocupe de mi hasta de lo más insignificante. Todo lo que te digo es de una mezquindad atroz, pero es así. No es preciso siquiera que esa mujer sea hermosa, tampoco quiero que tenga una excesiva inteligencia, y menos aún que piense demasiado. Con que se apegué a mí es suficiente. Pienso que sabrás reconocer la enorme franqueza con que te hablo y sabrás darme la siguiente prueba de tu inteligencia: comprender muy bien que todo lo que te digo no rebaja en nada la profunda ternura, y el indeclinable sentimiento de amor que te tengo y seguiré teniendo inalienablemente por tí, pero ese sentimiento no guarda ninguna relación con el devenir corriente de la vida. La vida es para vivirse. Son demasiadas las cosas que me unen a ti para que te pida que lo nuestro se rompa; sólo te pido que cambiemos nuestras relaciones, que cada uno construya una vida diferente, pero que no nos desunirá más. Antonin Artaud El ombligo de los limbos (1926)
Werner "Akizur" Ruzicka, actor y director de teatro con una extraordinaria capacidad para contar historias, teatraliza un fragmento del "Teatro de la crueldad" de Antonin Artaud de una manera intrigante y adictiva.
Conocí a una tal Benedicta, que llenaba la atmósfera de ideal, y cuyos ojos vertían el deseo de la grandeza, de la gloria y de todo lo que hace creer en la inmortalidad. Pero aquella joven milagrosa era demasiado bella para vivir mucho tiempo; así que murió a los pocos días de haberla yo conocido, y yo mismo fui el que la enterré, cierto día en que la primavera agitaba su incensario hasta dentro de los cementerios. Yo fui el que la enterré, bien encerrada en un féretro de madera perfumada e incorruptible, como los cofres de la India. Más, mientras tenía los ojos clavados en el sitio en que estaba sepultado mi tesoro, vi de repente a una personilla que se parecía singularmente a la difunta, y que iba diciendo, entre estallidos de risa, mientras pataleaba sobre la tierra fresca con una violencia histérica y extraña "¡Soy yo, la verdadera Benedicta! ¡Soy yo, yo, una perfecta bribona! ¡Y como castigo de tu locura y tu encegamiento, me amarás tal como soy!" Pero yo, enfurecido, respondí: "¡No! ¡No! ¡No!" Y para mejor acentuar mi negativa, di con el pie en la tierra, tan fuerte, que la pierna se me hundió hasta la rodilla en la sepultura reciente, y que, como un lobo caído en la trampa, sigo atado, quizá para siempre, a la fosa del ideal. Charles Baudelaire El Spleen de París (1869)
Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro. Max Aub Crímenes ejemplares (1957)