De ocho patas dicen que está provisto el caballo del dios Odín, Sleipnir, cuyo pelaje es gris y que anda por la tierra, por el aire y por los infiernos; seis patas atribuye a los primitivos Antílopes un mito siberiano. Con semejante dotación era difícil, o imposible, alcanzarlos; el cazador divino Tunk-poj fabricó unos patines especiales con la madera de un árbol sagrado que crujía incesantemente y que los ladridos de un perro le revelaron. También crujían los patines y corrían con la velocidad de una flecha; para sujetar, o moderar, su carrera, hubo que ponerles unas cuñas fabricadas con la leña de otro árbol mágico. Por todo el firmamento persiguió Tunk-poj al Antílope. Este, rendido, se dejó caer a la tierra y Tunk-poj le cortó las patas traseras.
"Los hombres -dijo- son cada día más pequeños y débiles. Cómo van a poder cazar Antílopes de Seis Patas, si yo mismo apenas lo logro."
Desde aquel día los Antílopes son cuadrúpedos.
J.L. Borges El libro de los Seres Imaginarios (1957)
viernes, 15 de mayo de 2015
miércoles, 13 de mayo de 2015
Edith Sitwell (1887-1964)
Poetisa, antóloga, prosista y conferenciante inglesa nacida en 1887.
Desde muy joven vive la soledad del abandono sufrido por parte de un padre extravagante y de una madre a la que desagradaba profundamente el físico de su hija.
Famosa por sus excentricidades y por la pasión de sus filias y sus fobias. En 1916 empezó a dirigir Wheels , una antología anual de poesía moderna que se oponía al naturalismo de la poesía imperante en las primeras décadas del siglo XX.
A partir de ese momento, varios libros de poesía, libretos de ópera y danza, estudios críticos y libros en prosa cimentaron la fama de esta mujer en posesión de la Orden del Imperio Británico.
Entre sus obras más importantes cabe mencionar "canciones callejeras, la canción del frío, la sombra de Caín, aún cae la lluvia, trompetas para Isabel, las reinas y las colmenas, etc" Pero la obra que más ha trascendido es "Ingleses excéntricos", un museo incomparable de las figuras más raras de la historia inglesa: ermitaños decorativos, charlatanes, curanderos, aventureros, avaros y hombres doctos, entre los cuales:
* La anciana condesa de Desmond, que trepó a un manzano a los ciento cuarenta años de edad.
* El anfibio Lord Rokeby, cuya barba le llegaba a las rodillas y quien apenas si salía del agua.
* El loco hacendado Jack Mytton, que se tomaba ocho botellas de oporto al día, derrochó medio millón de libras esterlinas y prendió fuego a su camisa de dormir para quitarse el hipo.
* El irascible capitán Thicknesse, quien legó su mano derecha, que habrían de cortarle a su muerte, a su hijo.
* La patética princesa Caraboo, que robó el corazón de Napoleón.
* El virtuoso hacendado Waterton, quien acostumbraba a cabalgar a lomos de un cocodrilo.
Desde muy joven vive la soledad del abandono sufrido por parte de un padre extravagante y de una madre a la que desagradaba profundamente el físico de su hija.
Famosa por sus excentricidades y por la pasión de sus filias y sus fobias. En 1916 empezó a dirigir Wheels , una antología anual de poesía moderna que se oponía al naturalismo de la poesía imperante en las primeras décadas del siglo XX.
A partir de ese momento, varios libros de poesía, libretos de ópera y danza, estudios críticos y libros en prosa cimentaron la fama de esta mujer en posesión de la Orden del Imperio Británico.
Entre sus obras más importantes cabe mencionar "canciones callejeras, la canción del frío, la sombra de Caín, aún cae la lluvia, trompetas para Isabel, las reinas y las colmenas, etc" Pero la obra que más ha trascendido es "Ingleses excéntricos", un museo incomparable de las figuras más raras de la historia inglesa: ermitaños decorativos, charlatanes, curanderos, aventureros, avaros y hombres doctos, entre los cuales:
* La anciana condesa de Desmond, que trepó a un manzano a los ciento cuarenta años de edad.
* El anfibio Lord Rokeby, cuya barba le llegaba a las rodillas y quien apenas si salía del agua.
* El loco hacendado Jack Mytton, que se tomaba ocho botellas de oporto al día, derrochó medio millón de libras esterlinas y prendió fuego a su camisa de dormir para quitarse el hipo.
* El irascible capitán Thicknesse, quien legó su mano derecha, que habrían de cortarle a su muerte, a su hijo.
* La patética princesa Caraboo, que robó el corazón de Napoleón.
* El virtuoso hacendado Waterton, quien acostumbraba a cabalgar a lomos de un cocodrilo.
domingo, 10 de mayo de 2015
Fotografia
Homo peccator el que esta noche se disfraza de bonete y polainas, dice llamarse Filiberto de Rengo, desliza hacia tu alcoba en penitencia su pernicioso tobillo, y luego su pezuña que encubre la malicia de su pata de mulo.
Ten cuidado, Obdulia, del cardíaco Quasimodo, sibilino y lascivo. Te cortará con una gillette los nueve velos que cubren tu fanatismo, tu ira, tu rencor.
No acoples con el enviado diabólico. Triste figura la suya: gordo, coludo, colón, recatado pero gracioso, de cuchillo sin vaina, callos locos, bocio y pelvis púrpura; dominado por la artrosis, los espíritus, el bloqueo, la arritmia. Con marcapaso cojo y peluca como una zorra terca, un higo, una chirimoya que muere.
No ayuntes, Princesa de los Inútiles: que nadie toque tus almorranas. Cuídate de la pezuña del Trauco que se derrumba sobre la soltería del tálamo como un pie humanista. No hagas módulo con nadie y hunde tus caderas; acolmíllale el tobillo y gana tiempo, coqueta, pero no le muerdas la pezuña, por nada del mundo me la muerdas.
H. L. Cerda (1939)
sábado, 9 de mayo de 2015
Los roedores de árboles
Aislado, prisionero o trabajando, Alejandro Dumas, padre, se consolaba con el olor de un vestido de mujer. Tres hombres semejantes con el mismo sombrero redondo, la misma estatura corta, se asombraron de verse tan parecidos y se adivinaron una idea igual: robar la consolación del solitario.
Max Jacob (1876-1944)
Lulú
Es una repetición frecuente, cabalgante, imperiosa en grado sumo.
Nada que hacer.
Ni los sermones más episcopales han surgido efecto en sus costumbres salvajes.
Lulú es el huracán del caos, el azote de las habitaciones, el tenebroso castigo de los pecados. Es divina, por eso, en sus designios secretos.
Veo las blusas tiradas entre mis camisas francesas, sus calzones colgando en la ducha, los platos amontonados en los rincones más inverosímiles de nuestra lujuria pasada, los vasos, la cama revuelta con sus medallones lechosos.
Lulú, Lulú, cuántas veces te he dicho.
Ella estira la pierna y me dice que le está doliendo el tobillo, me duele de una manera bárbara, tremenda, no te imaginas.
Y yo me quedo en silencio contemplando sus muslos torneados.
Lulú, cuántas veces te he dicho que no.
Sin duda hay un desequilibrio entre nuestras aspiraciones profundas, pienso mientra tiro mi pantalón amarillo entre las camisas cochinas.
Lulú la meona
Nada que hacer.
Ni los sermones más episcopales han surgido efecto en sus costumbres salvajes.
Lulú es el huracán del caos, el azote de las habitaciones, el tenebroso castigo de los pecados. Es divina, por eso, en sus designios secretos.
Veo las blusas tiradas entre mis camisas francesas, sus calzones colgando en la ducha, los platos amontonados en los rincones más inverosímiles de nuestra lujuria pasada, los vasos, la cama revuelta con sus medallones lechosos.
Lulú, Lulú, cuántas veces te he dicho.
Ella estira la pierna y me dice que le está doliendo el tobillo, me duele de una manera bárbara, tremenda, no te imaginas.
Y yo me quedo en silencio contemplando sus muslos torneados.
Lulú, cuántas veces te he dicho que no.
Sin duda hay un desequilibrio entre nuestras aspiraciones profundas, pienso mientra tiro mi pantalón amarillo entre las camisas cochinas.
Lulú la meona
domingo, 3 de mayo de 2015
El pulmón y el opio
El pulmón es un saco de glóbulos. Cada glóbulo se divide en alvéolos, en comunicación directa con los bronquios. Un glóbulo corresponde al pulmón completo de una rana. La superficie interna, lisa, está tapizada por una red de capilares sanguíneos. De modo que el pulmón, extendido, planchado, cubriría doscientos metros cuadrados. Usted ha leído bien.
El humo impregna, pues, de golpe ciento cincuenta metros cuadrados de superficie pulmonar.
De ahí los efectos instantáneos del opio en el fumador.
El fumador asciende lentamente como un globo, lentamente se vuelve y vuelve a caer lentamente sobre una luna muerta, cuya débil atracción le impide irse de nuevo.
Aunque se levante, hable, actúe, aunque sea sociable, o viva en apariencia, los gestos, el andar, la piel, las miradas, la palabra no refleja por eso una vida menos sometida a otras leyes de palidez y gravedad.
El viaje a la inversa tendrá lugar por su cuenta y riesgo. El fumador paga en primer lugar su rescate. El opio lo abandona, pero el regreso carece de encantos.
No obstante, al volver a su planeta, conserva una nostalgia.
Jean Cocteau Opio (1930)
El humo impregna, pues, de golpe ciento cincuenta metros cuadrados de superficie pulmonar.
De ahí los efectos instantáneos del opio en el fumador.
El fumador asciende lentamente como un globo, lentamente se vuelve y vuelve a caer lentamente sobre una luna muerta, cuya débil atracción le impide irse de nuevo.
Aunque se levante, hable, actúe, aunque sea sociable, o viva en apariencia, los gestos, el andar, la piel, las miradas, la palabra no refleja por eso una vida menos sometida a otras leyes de palidez y gravedad.
El viaje a la inversa tendrá lugar por su cuenta y riesgo. El fumador paga en primer lugar su rescate. El opio lo abandona, pero el regreso carece de encantos.
No obstante, al volver a su planeta, conserva una nostalgia.
Jean Cocteau Opio (1930)
jueves, 30 de abril de 2015
PROMETEO
Cuatro leyendas hablan de Prometeo.
Según la primera, Prometeo fue encadenado al Cáucaso porque había traicionado la los dioses en favor de los hombres. Los dioses enviaban águilas para que le devorasen el hígado, que siempre volvía a crecerle.
La segunda nos dice que Prometeo, atormentado por el dolor de los picotazos, se arrimó cada vez más a la roca, hasta que se hizo una sola con ella.
La tercera afirma que con el paso de los milenios su traición fue olvidada. Todos se olvidaron: los dioses, las águilas, él mismo.
Según la cuarta, cansado de sí mismo, ya no tenía ninguna razón para existir. Los dioses se cansaron, la cansada herida se cerró.
Quedó la inexplicable montaña rocosa.
La leyenda intenta explicar lo inexplicable. Ya que proviene de un fondo de verdad, debe terminar en lo inexplicable.
Frank Kafka Prometeo (1917)
Según la primera, Prometeo fue encadenado al Cáucaso porque había traicionado la los dioses en favor de los hombres. Los dioses enviaban águilas para que le devorasen el hígado, que siempre volvía a crecerle.
La segunda nos dice que Prometeo, atormentado por el dolor de los picotazos, se arrimó cada vez más a la roca, hasta que se hizo una sola con ella.
La tercera afirma que con el paso de los milenios su traición fue olvidada. Todos se olvidaron: los dioses, las águilas, él mismo.
Según la cuarta, cansado de sí mismo, ya no tenía ninguna razón para existir. Los dioses se cansaron, la cansada herida se cerró.
Quedó la inexplicable montaña rocosa.
La leyenda intenta explicar lo inexplicable. Ya que proviene de un fondo de verdad, debe terminar en lo inexplicable.
Frank Kafka Prometeo (1917)
miércoles, 29 de abril de 2015
Los sueños de Astiages
Tras cuarenta años de reinado murió el rey medo Ciaxares y lo sucedió en el trono su hijo Astiages. Tenía Astiages una hija llamada Mandane; soñó que ésta despedía tanta orina que cubría toda Ecbatana y toda Asia. Cuidó de que no casara con ningún medo y la dio en matrimonio al persa Cambises, hombre de buena familia, carácter pacífico y mediana condición. Volvió a soñar Astiages, y vio que del centro del cuerpo de su hija salía una parra que cubría con su sombra toda Asia. Mandó Astiages retornar a su hija y cuando ésta dio a luz entregó al niño, para que lo matara, a su pariente Hárpago. Hárpago sintió miedo y piedad y entregó el niño al vaquero Mitradates, ordenándole que lo matara. Mitradates tenía por esposa a Perra, quien acababa de parir un niño muerto. El que les habían entregado estaba vestido con lujo; decidieron el cambio, pues también sabían que era el hijo de Mandane, y así preservaban su futuro.
Creció el niño y sus compañeros pastores lo proclamaron rey de sus juegos, y el niño rey se mostró inflexible. Lo supo Astiages y obligó a que Mitradates le revelara su origen. Así supo la desobediencia de Hárpago: fingió perdonarlo y lo invitó a un banquete, y le pidió a su propio hijo como compañero de su nieto. Durante el banquete, hizo que le sirvieran asados trozos de su hijo. Hárpago, así que lo supo, se dominó. Astiages interrogó nuevamente a sus adivinos. Le respondieron: si vive, ha de reinar; pero como ya reinó entre los pastores, no hay peligro de que alcance nueva corona. Satisfecho, Astiages remitió el niño a sus verdaderos padres, quienes quedaron felices de verlo con vida. El niño se hizo mozo y el mozo adalidad, y, con ayuda de Hárpago, destronó a Astiages y lo trató con benevolencia. Así fundó Ciro, el antiguo pastor, el imperio persa.
Herodoto (485-425 a.C) Los nueve libros de la historia
Creció el niño y sus compañeros pastores lo proclamaron rey de sus juegos, y el niño rey se mostró inflexible. Lo supo Astiages y obligó a que Mitradates le revelara su origen. Así supo la desobediencia de Hárpago: fingió perdonarlo y lo invitó a un banquete, y le pidió a su propio hijo como compañero de su nieto. Durante el banquete, hizo que le sirvieran asados trozos de su hijo. Hárpago, así que lo supo, se dominó. Astiages interrogó nuevamente a sus adivinos. Le respondieron: si vive, ha de reinar; pero como ya reinó entre los pastores, no hay peligro de que alcance nueva corona. Satisfecho, Astiages remitió el niño a sus verdaderos padres, quienes quedaron felices de verlo con vida. El niño se hizo mozo y el mozo adalidad, y, con ayuda de Hárpago, destronó a Astiages y lo trató con benevolencia. Así fundó Ciro, el antiguo pastor, el imperio persa.
Herodoto (485-425 a.C) Los nueve libros de la historia
domingo, 26 de abril de 2015
Don Juan y el tiempo
-¿Qué tal, padre?
-¿Padre? ¿Por qué me dices "padre"?
¡Qué pregunta! ¿No me reconoces? Soy Juanito Tenorio, tu hijo. Madre te está esperando. Y desapareció.
Don Juan habló con unos vecinos que pasaban por la calle y así averiguó dónde vivía la madre del muchacho. Entró en la casa. En medio del patio, una mujer, todavía de buenas carnes. Don Juan nunca la había visto.
-Acabo de cruzarme con un muchacho. Juanito se llama. Dice que es mi hijo. ¿Eres tú la madre?
-Sí.
-Pero si nosotros no nos hemos visto nunca....
-Así es.
-Entonces tendremos que acostarnos para que Juanito haya nacido como Dios manda.
-No tengo ningún inconveniente, pero antes hay que casarse.
-Casémonos.
-Antes, me tienes que enamorar.
-De acuerdo. Comencemos. "Vite, adorete, abraseme tanto, que tu amor me anima a que contigo me case"....
-Ah, no. ¿Qué te crees? ¿Así, a quemarropa? No, no. Enamorarse lleva tiempo. Además, a mí no me enamora cualquiera. Sin contar que antes de enamorarnos tenemos que conocernos; y antes de conocernos tenemos que encontrarnos en alguna parte....
-¿Y si el azar no nos junta?
-Ah, ahí está el detalle. No sabes lo que te perderías: ahora estoy madura; habría que verme en mis verdores. Hasta la vista.
Y se separaron.
Don Juan salta unos años para atrás, en busca de los verdores de esa mujer. Por el aire se le caen las canas. Busca a la mujer a quien debe enamorar, con quien debe casarse, de quien a de tener un hijo. Busca, busca. Ahora Don Juan es un mancebo de sangre bullente. Puesto que debe prepararse para la gran conquista, aprende a amar. Seduce a muchas mujeres. A cada seducción, los años se van aligerando. Aminta, Tisbea, Isabela. Aprovechando la superstición de las gentes se escabulle de Sevilla, ya sin barbas. Se mete en más amoríos: al salir de esa galante galería -Julia, Todora, Constanza, Inés- es apenas un púber. Un día, para que no lo castiguen porque acaban de sorprenderlo molestando a una chiquilla, se agurrumina y se pone a gatear, llorando a gritos. Rorro, crío, feto. Poco después acaba Don Juan en un óvulo.
E. A. Imbert La locura juega al ajedrez (1971)
El cuervo
Entonces, aquel pájaro de ébano, que por la gravedad de su postura y la severidad de su fisonomía inducia a mi triste imaginación a sonreír. Aunque tu cabeza -le dije- no lleve ni capote ni cimera, ciertamente no eres un cobarde, lúgubre y antiguo cuervo partido de las riberas de la noche. ¡Dime cuál es tu nombre señorial en las riberas de la noche plutónica! El cuervo dijo: ¡Nunca más! Me maravilló que aquel desgraciado volátil entendiera tan fácilmente la palabra, si bien su respuesta no tuvo mucho sentido y no me sirvió de mucho; porque hemos de convenir en que nunca más fue dado a un hombre vivo el ver a un ave encima de la puerta de su habitación, a un ave o una bestia sobre un busto esculpido encima de la puerta de su habitación y llamarse un nombre tal como "¡Nunca más!"
Y el cuervo, inmutable, sigue instalado, siempre instalado sobre el busto plácido de Palas, justo encima de la puerta de mi habitación; y sus ojos parecen los ojos de un demonio que medita; y la luz de la lámpara, que le cae encima, proyecta su sombra en el suelo; y mi alma, fuera del círculo de aquella sombra que yace flotando en el suelo, no podrá elevarse ya más, ¡nunca más!
Edgar Allan Poe El cuervo (1845)
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