sábado, 7 de junio de 2014

LA INVENTADA

La Inventada no ha vivido nunca, pero está ahí y se hace notar. Es muy hermosa, aunque de modo distinto para cada cual. De ella se han dado descripciones extáticas. Algunos elogian sus cabellos, otros sus ojos. Pero hay descuerdo en cuanto al color, que va desde un brillante azul dorado hasta el negro más intenso, y eso vale también para el cabello.
La Inventada tiene distintas tallas y cualquier peso. Prometedores son sus dientes, que a menudo pone al descubierto. El pecho tan pronto se le encoge como se le hincha. Camina, se echa. Está desnuda o fabulosamente vestida. Sólo sobre su calzado existen cientos de datos diferentes.
La Inventada es inalcanzable, la Inventada se entrega fácilmente. Promete más de lo que cumple y cumple más de lo que promete. Revolotea, se queda quieta. No habla, lo que dice es inolvidable. Es descontentadiza, se dirige a cualquiera. Es sólida como la tierra, ligera como un soplo.
Parece cuestionable que la Inventada sea consciente de su importancia. También sobre eso andan a la greña sus adoradores. ¿Cómo logra que todos sepan que es ella? Claro que a la Inventada le es fácil, pero ¿habrá sido así desde el comienzo? Y ¿quién la habrá inventado hasta hacerla inolvidable? ¿Quién la habrá difundido por la tierra habitada? ¿Quién la habrá endiosado y quién la vendería a buen precio? ¡Quién la dispersó por los desiertos de la luna antes de izar en ella su bandera? ¿Quién ocultaría un planeta en densas nubes por llevar su nombre?
La Inventada abre los ojos y jamás vuelve a cerrarlos. En las guerras, los moribundos de ambos bandos le pertenecen. Antiguamente estallaban guerras por ella, ahora no, ahora visita a los hombres en los frentes y les deja, sonriente, un retrato.
                                                                                                     Elias Canetti